7/6/12

La Comunidad Musulmana en la Argentina

La presidenta de la Nación en el Centro Islámico
por Pedro Brieger y Enrique Herszkowich


[Nota: este artículo es del año 2003, y es más extenso que el publicado en la revista "Todo es Historia", Nro. 430. Hemos eliminado las "notas", y las fotos no coinciden con las de la revista. También hay varios artículos en la revista que aquí no aparecen. Consideramos importante la "lectura" que se hacía de la comunidad hace tan poco tiempo, donde sobran los errores; sin embargo, el aporte no deja de parecernos interesante.]


La comunidad musulmana en la Argentina hace más de un siglo que tiene presencia en este país. Dada su interrelación con la inmigración árabe es una de las pocas comunidades religiosas-étnicas que ha tenido mucha dificultad en testimoniar su propia historia, entre otros factores, porque suele estar asociada a sus orígenes árabes. Hasta el día de hoy ni siquiera existe una “historia oficial” de los musulmanes, dispersos por varias provincias argentinas aunque la mayoría de ellos se encuentra en la Ciudad de Buenos Aires, el núcleo político-económico-social del país, y la Provincia de Buenos Aires que rodea la ciudad, y donde vive un tercio de los argentinos. Debido a la dificultad de movilidad por un país que es extenso y la falta de recursos económicos, en el marco de este trabajo realizaremos una aproximación –en primer lugar- de la Ciudad de Buenos Aires y su provincia homónima, sabiendo que esto implicará datos parciales y conscientes de que la realidad de los musulmanes en la Argentina merece una investigación de más largo plazo. El eje de nuestro trabajo está concentrado en la inmigración, la consolidación de la comunidad musulmana y su importante presencia pública desde el acceso a la presidencia de la nación de Carlos Menem, nacido en el seno de una familia musulmana.

Los orígenes de la comunidad

La comunidad musulmana en Argentina se originó en el marco de la inmigración árabe a principios del siglo XX desde el Medio Oriente. Los primeros inmigrantes musulmanes de los que hay registro oficial procedentes de la región de Siria entre 1850 y 1860, buscando mejores condiciones materiales que las que se les presentaban en el imperio otomano. Una segunda ola de musulmanes arribó entre 1870 y la Primera Guerra Mundial, y la última oleada, entre 1919 y 1926 al consolidarse la dominación colonial en los territorios árabes del ex imperio otomano.


Es decir que en Argentina prácticamente todos los musulmanes inmigrantes eran de origen árabe, lo cual contribuyó a la inmediata identificación, en el imaginario argentino, entre cultura árabe y religión musulmana. Pero si de simplificaciones se trata, para el argentino promedio todos los árabes eran simplemente “turcos”.
En un país en el que todos los españoles son “gallegos”, todos los judíos “rusos” y todos los italianos “tanos”, aun sin haber nacido en Galicia, Rusia o Nápoles, el gentilicio no era del todo errado para los inmigrantes árabes. De hecho, hasta el final de la Primera Guerra Mundial, eran, según consignaban sus pasaportes, turcos por provenir de territorios bajo dominación otomana.

Mezquita At-Tauhid


Registros de la Inmigración

Ya en 1872 un funcionario de la Comisión Central de Inmigración mencionaba el arribo de cuatro “turcos”. Al año siguiente serían veintitrés, y al otro ocho. En 1899 aparecería la mención “árabe” en los registros y recién en 1920 la distinción entre turcos, sirios, árabes o libaneses. Por entonces los registros oficiales alternaban la denominación de “turcos”, “árabes”, “sirios”, o incluso “musulmanes”. Es decir que al dar crédito a estas clasificaciones debemos tener en cuenta tanto la identidad de los encuestados como el nivel de alfabetismo y el rigor de los encuestadores.

Según los registros oficiales entre 1850 y 1950 arribaron a la Argentina unos 108.000 inmigrantes provenientes del Medio Oriente . Se calcula que más del 70% de ellos profesaba religiones cristianas. Según el censo de 1914, de una población total de 15.893.827 habitantes en el territorio argentino, 18.764 declaró profesar la religión musulmana. En 1960, último censo que registró la confesión de los censados, de una población total de 17.879.969 habitantes, los musulmanes declarados eran 14.262. Es decir un porcentaje cercano al 0,10%.

En la segunda década del siglo XX el cónsul otomano en Argentina, el emir druso Emín Arslán, calculaba que de todos los súbditos del imperio arribados un 15% era musulmán. El líder de la comunidad maronita de esa misma época, Alejandro Schamún elevaba el porcentaje al 30%. Monseñor Meletios Swaity, arzobispo ortodoxo del patriarcado de Antioquía en Buenos Aires (1956-1982), declaró en 1974 que había 1.200.000 árabes y descendientes de árabes (cristianos y musulmanes) de los cuales el 40 por ciento sería musulmán.  Por su parte, Pedro Tshakmakian, director de Al Watan (La Patria) -único mensuario (antes semanario) bilingüe árabe-castellano del país- asegura que “en la Argentina hay 3 millones 600 mil descendientes de sirio libaneses” musulmanes y cristianos.

La Buena Asimilación

Prácticamente todos coinciden en afirmar que los inmigrantes árabes se “mestizaron” rápidamente, lo que provocó la disminución del número de los miembros en sus respectivas comunidades. De estos inmigrantes, los musulmanes habrían sido los que más fieles se mantuvieron a sus comunidades. Entre 1918 y 1930, por ejemplo, el porcentaje de matrimonios exogámicos habría sido de 23% entre los maronitas, 20% entre los ortodoxos, y 12% entre los musulmanes. Del 88% de los musulmanes que formaron parejas con árabes, el 77% lo hizo con personas de religión musulmana. Sin embargo, al igual que el resto de los inmigrantes árabes, los musulmanes también se asimilaron rápidamente. En la segunda generación de musulmanes argentinos el 62% no hablaba el árabe, y sólo el 13% lo hacía correctamente. En la tercera generación sólo el 4% lo habla en forma correcta, mientras que el 87% no lo habla en absoluto  lo que queda reflejado también en la virtual desaparición de diarios y revistas en lengua árabe. Y es que en una sociedad que les permitió una gran movilidad económica y social muchas veces la identidad musulmana quedó relegada al ámbito del hogar.

A partir de 1960 no existen registros oficiales acerca de la cantidad de musulmanes que habitan en la Argentina, porque fue la última vez que un censo registró la religión. Algunos representantes de la comunidad hablan de la presencia de 900.000 musulmanes en la actualidad. En 1993 el Imam Mahmud Hussain, director del Centro de Altos Estudios Islámicos, reducía la cifra a 450.000. Pero lejos de las cifras de estos dirigentes comunitarios, otros autores consideran que los musulmanes en Argentina no superan los 50 ó 60.000. El profesor del Centro Islámico de la República Argentina (CIRA) Ricardo Shamsudín Elía menciona que en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores centro en el cual se supone se concentra la mayor cantidad de población musulmana del país- existen 500 familias sunnitas, 400 alauitas, 200 shiítas, y 50 drusas repartidas en diferentes barrios. Además, menciona dos pequeñas comunidades sufís (todos conversos según Elía), la Yerrahiyyah de unas 50 personas y la Naqshbandiyyah de unas 70 personas. Los datos, extraoficiales, son importantes si se tiene en cuenta que en promedio se habla en Argentina de familias tipo de cuatro integrantes, lo que implicaría que en la ciudad de Buenos Aires habría un poco más que 4500 musulmanes, muy alejado del imaginario popular de los 3 millones que citan algunos.  Para darle mayor contundencia a sus datos respecto del escaso número de musulmanes, Elía recalca que en Buenos Aires existen nada más que dos carnicerías que respetan la tradición musulmana y un solo cementerio islámico. Un caso particular es el pueblo La Angelita, de escasas 600 personas, a unos 250 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, pero que los integrantes de la comunidad musulmana suelen presentar orgullosos como el único pueblo de mayoría musulmana y donde regularmente se escucha el árabe en las calles.

Mezquita Al Ahmad


Por su parte, Omar Ahmed Abboud, Secretario de Cultura del (CIRA) plantea la inconveniencia de calcular una cifra concreta. No solamente por la ausencia de estadísticas oficiales, sino debido a la dificultad en definir los criterios de inclusión en tales cifras. Afirma que, a diferencia de las identidades nacionales, al tratarse de una religión no se puede hablar de un “origen” musulmán en los descendientes de musulmanes (lo que impediría realizar proyecciones demográficas). Sugiere que, probablemente, los viernes asistan a las mezquitas de todo el país unos tres o cuatro mil fieles, pero que es imposible contabilizar a quienes realizan el rezo en sus hogares y señala que a la mezquita del CIRA, Al-Ahmed, asisten los viernes al mediodía alrededor de 100 fieles. El profesor Elía menciona unas 30 personas para la oración de los viernes en la mezquita Al-Tauhid, shiíta, y un número similar en el nuevo Complejo Cultural Islámico Rey Fahd (ver más adelante). Hay que tener en cuenta también que en Argentina el viernes al mediodía es un horario laborable.

Como la gran mayoría de los inmigrantes que se instalaron en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, los musulmanes lo hicieron agrupándose en determinados barrios en función de sus comunidades de origen. A grandes rasgos pueden identificarse así cuatro centros de radicación musulmana. Los sunníes, mayoritariamente llegados desde Siria, se instalaron en el barrio de Constitución, cerca de donde se encuentra en la actualidad el Centro Islámico de la República Argentina. Los shiítas, provenientes mayoritariamente del Líbano lo hicieron en el barrio de Flores -al igual que gran parte de los judíos provenientes de Siria y el Líbano- donde también se encuentra su mezquita, Al-Tauhid. Los alauitas se instalaron en José Ingenieros, provincia de Buenos Aires, aunque también cuentan en Capital Federal con otras dos “sociedades de beneficencia”. Y los drusos lo hicieron alrededor de las Avenidas Scalabrini Ortiz y Córdoba, al lado de uno de los barrios de mas conocidos por la presencia de judíos asquenazíes.

El programa islámico por la TV Pública


Los Templos de la Fe

En la actualidad existen en la ciudad de Buenos Aires sólo tres mezquitas. La mezquita Al-Tauhid, de la comunidad shiíta, creada en 1983 con participación directa de la embajada de Irán en la Argentina. La mezquita Al-Ahmad, del CIRA, fundada en 1986, con el aporte de capitales de Arabia Saudí y de Libia (ver más abajo). Por último, en el 2000 fue inaugurado el Centro Cultural Islámico Rey Fahd, en el barrio de Palermo, por iniciativa de la casa real Saudí.

Estudios y Cultura

En cuanto a la educación formal, existen dos escuelas: el Colegio Argentino-Árabe "Omar Bin Al Jattab" perteneciente al Centro Islámico (fundado en 1991) y el Instituto Árabe Argentino Islámico. Las dos instituciones son laicas y abiertas a todo público, e imparten cultura islámica en el turno tarde, en forma optativa, asistiendo a esos cursos sólo el 30% de los alumnos. Es interesante aclarar que la mayoría de los alumnos no pertenecen ni a la comunidad musulmana ni a la árabe.

Además de la tardía construcción de las mezquitas, casi un siglo después del arribo de los primeros musulmanes, también es importante destacar que, en toda la Capital Federal sólo existen dos carnicerías halal, ambas en el barrio de Floresta, donde está el grueso de la comunidad shiíta.

En la comunidad musulmana no existe una federación que unifique a las distintas instituciones en una representación política común. Según Mahmoud Hussain, él mismo intentó crear esa federación después del atentado al edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina de Buenos Aires. Tras el atentado, ocurrido en julio de 1994, se acusó, sin pruebas fehacientes, a miembros de la comunidad musulmana local de haber apoyado a una organización terrorista proveniente del mundo islámico. Frente a los ataques de la prensa contra la comunidad, identificada por los medios masivos de difusión como responsable del atentado, el Imam propuso la creación de una entidad política común. Sin embargo, esa federación nunca se llevó a la práctica porque –según Hussain- no obtuvo el compromiso suficiente de algunas instituciones, y por lo tanto sólo pueden actuar en conjunto en forma defensiva, como reacción a situaciones puntuales.

Al analizar ese fracaso Mahmoud Hussain compara el comportamiento de la comunidad musulmana con la judía. Mientras que ésta, conciente de su condición minoritaria actúa en consecuencia, creando las instituciones necesarias para protegerse, la comunidad musulmana funciona con una “lógica de mayoría”. Ese comportamiento tiene para Hussain un efecto paradójico. Por un lado, el universalismo del Islam facilita la rápida integración de los musulmanes a las sociedades en las que viven. Pero por otro lado, eso mismo “disuelve la fuerza islámica, cuando en un conglomerado mayor la minoría islámica tiende a desaparecer”. También el profesor Elía considera que, en ciertas ocasiones, “sería ideal tener una DAIA  ”, aunque en este momento suene a utopía.

El Centro Islámico

CIRA


El CIRA fue creado por los primeros inmigrantes musulmanes con el objeto de proporcionar a su comunidad una institución de referencia que se ocupara de algunos problemas sociales o materiales de los recién llegados. Durante mucho tiempo estos inmigrantes sólo podían estar representados por el consulado del imperio otomano, y, como para muchos árabes-musulmanes -súbditos del imperio- la identidad se relacionaba más con una cuestión religiosa que “nacional”, el CIRA tuvo el objetivo de brindar apoyo a la recientemente creada comunidad musulmana.

Pareciera confirmarse que, a pesar de considerarse una institución islámica, el objetivo no era meramente religioso, ya que la construcción de su mezquita, Al-Ahmad, se realizó más de medio siglo después de la formación del Centro. De hecho, hasta 1986, fecha en que se inauguró la mezquita, las oraciones se realizaban en el oratorio del edificio central.

Según Omar Ahmed Abboud, el CIRA es la “institución madre de todos los musulmanes” en el país y la que representa a esta comunidad frente al Estado. Sin embargo, reconoce que algunos líderes shiítas pueden no sentirse representados por el Centro, ya que tienen su propia comunidad. Pero sin aceptar participar de esta lucha por “espacios políticos”, Abboud insiste en que el carácter central de la institución se debe a que el CIRA “habla por todos” los musulmanes, independientemente de la corriente de pensamiento con la cual se identifiquen dentro del Islam. En cuanto a si el Estado también reconoce al CIRA como la institución central, Abboud se muestra despreocupado: “Nosotros no nos planteamos eso”. La institución es la central debido a la “cantidad de gente que representa”. Sin embargo, como ya hemos señalado, prefiere no estimar la cantidad de sus representados. Según Abboud los objetivos actuales del CIRA son similares a los que guiaron a sus fundadores. La prioridad deben ser los aspectos relacionados con el trabajo social, independientemente del credo de aquellos a los que se asista. En cuanto al Islam, el CIRA “no difunde, sino que informa acerca de”. Abboud señala que el término difusión, similar al llamado o dawa, es mal comprendido en occidente como un acto proselitista. “No nos interesa que nadie abrace al Islam”, salvo los que estén realmente interesados. Pero frente a la presencia del Islam en los medios masivos de comunicación, y de los prejuicios en su contra, el CIRA se dedica a informar acerca de “lo que no es el Islam, o acerca de lo que es pero sin responderle a nadie”. Abboud está conforme con esta participación del CIRA, ya que, asegura, el “Islam no es misionero”.

Además de su función de información y las campañas de asistencia social, el CIRA tiene actividades sociales y culturales. Se imparten cursos de idioma árabe, de religión islámica y hasta de cocina árabe. Esto último se debe a una cuestión de herencia cultural, pero no a una identificación de los musulmanes argentinos con lo árabe. En cuanto al idioma, se incluye la enseñanza del árabe coloquial (además del clásico) porque el idioma moderno permite comunicarse en todos los lugares donde haya musulmanes.

La mayoría de los asistentes al CIRA son sunnítas, aunque Abboud afirma que asisten también musulmanes de otras corrientes de pensamiento. “También hay sufís, y hay gente en la Comisión Directiva que es shiíta”. Según él, en Argentina se mantiene la proporción observada a nivel mundial de “92% de sunnítas y 8% de otras corrientes”, lo cual contrasta con opiniones de algunos dirigentes shiítas que sostienen que en el país “la shía es mayoría”. Pero Abboud afirma nuevamente el carácter abierto del CIRA, que representa a los musulmanes argentinos sean sunnítas, shiítas, drusos o alauitas.

Además, “son muy pocos los que pueden sostener ideológicamente un argumento con respecto a la diferencia en sí”. Aunque, obviamente, “aquel que se siente minoritario o impotente trata de marcar la diferencia en pos de mantener su propia identidad”. Según el dirigente, al CIRA no le preocupan esas diferencias, aunque lamenta que “no se puede plantear ninguna conversación si el otro vive planteando diferencias”.

En cuanto al grado de religiosidad de los fieles que asisten a Al-Ahmad, Abboud responde que no es posible establecerlo, en tanto la relación con la religión es individual. En esta reflexión Abboud advierte que uno de los riesgos que enfrenta el Islam desde el siglo XX, también en Argentina, es que los musulmanes “se aferren a la cáscara, es decir, que reduzcan el Islam al corpus de ley”. Si bien ese corpus legal es sumamente rico, eso sólo no representa la esencia del Islam. El problema es que como esa esencia se alcanza en forma individual, y el Islam “no es pastoral”, no es posible determinar si el fiel alcanza o no la “fe pura”.
El Centro Cultural Rey Fahd


Hay relación entre esta apreciación y el criterio empleado por el profesor Elía para considerar a alguien como musulmán. Según Elía se debería incluir en esta categoría a todo aquel que crea que “no hay Dios más que Dios y Muhammad es su profeta”. Si cree en eso y toma alcohol, asesina o roba, “será el peor de los musulmanes, pero será musulmán”. Este amplio criterio de inclusión, que convierte a la pertenencia casi en una cuestión de conciencia, meramente individual, dificulta aún más la posibilidad de establecer de manera fehaciente la cantidad de musulmanes en la Argentina. Como Abboud también considera que la religión es una cuestión individual piensa que el Sheik es el que tiene la función de guiar, de despejar dudas en cuanto a la fe. Pero no debería, desde su condición de Sheik hablar de política.

Esa es la razón por la cual el CIRA, a diferencia de algunos representantes de instituciones shiítas, no ha tenido mucha participación en los medios masivos de comunicación, a pesar del amplio espacio que éstos otorgan al Islam cada vez que los acontecimientos políticos mundiales lo convierten en noticia. Abboud explica que por lo general, cuando un medio convoca a un líder islámico no es para consultarlo sobre religión, sino para hablar de política, o incluso, para promover una “nota de color” sobre culturas exóticas. Y mientras los religiosos judíos, cristianos y musulmanes pueden encontrar puntos de comunión en la religión, las cuestiones políticas son mucho más conflictivas. Para alejarse aún más de la cuestión “política” Abboud afirma que muchas veces los diferentes centros en los cuales los musulmanes participan tienen que ver, más que con diferencias religiosas, con su barrio de residencia.

En cuanto al Complejo Cultural Islámico Rey Fahd, Abboud considera que cumplirá una función diferente a la del CIRA. Afirma que, a pesar de que está previsto que desarrolle actividades educativas, ya que cuenta, con una gran mezquita, biblioteca, áreas destinadas a jardín de infantes, escuelas primaria y secundaria, salas de conferencias, áreas de deporte y confiterías, etc. no podrá actuar como el representante de la comunidad islámica. La razón -según Abboud- es que la gran mayoría de la comunidad es profundamente argentina, mientras que el complejo está relacionado con una embajada extranjera. Por otra parte, Abboud considera que la construcción del complejo es positiva, ya que “para los musulmanes siempre son necesarias las (nuevas) mezquitas” y embellece la ciudad, además de que “significó una inversión en el país de 50 millones de dólares”.

Abboud mencionó que una de las características de la comunidad islámica que demuestra su integración a la sociedad es el alto porcentaje de “fusiones”, es decir, de matrimonios de musulmanes con no musulmanes. Afirma que no es una preocupación para el Centro, además que, de serlo sería una “preocupación absurda”. En otras palabras, las instituciones islámicas no consideran esas fusiones como problemáticas. En primer lugar, porque la fe islámica es individual, y no tiene que ver con la confesión de los padres. En segundo lugar, porque “eso que sentencia el Profeta de que el amor a la patria es parte de la fe lo tenemos bien clarito”. Parece coincidir en eso con el dirigente de la mezquita shiíta Al-Tauhid, Abdul Karim Paz, nacido en Argentina fuera de las comunidades árabe o islámica, quien afirma que los fieles que concurren a su centro tienen una “identidad islámica con características argentinas”.

Ese sentimiento argentino, según Abboud se dio en las primeras generaciones, a diferencia de algunos de los primeros inmigrantes, ya que en los planes de muchos de ellos estaba regresar después de unos años a sus lugares de origen, aunque la mayoría se haya radicado en el país. Es la tercera generación de musulmanes argentinos la que parece más interesada por los temas islámicos. Según Abboud, “la primera generación vino a hacer dinero, la segunda se dedicó a gastarlo, y la tercera, profundamente argentina, decidió volver al Islam”. Esta consideración coincide con la realizada por el profesor Elía, que atribuye este retorno al Islam de la tercera generación al impacto causado por la Revolución Islámica en Irán, en 1979.

Como todas las instituciones islámicas y judías del país, tanto la sede del CIRA, como la mezquita y la escuela cuentan con protección policial durante las 24 horas. Según Abboud a la institución no le gusta tener custodia, aunque debido a la cantidad de delitos comunes (es decir no relacionados con cuestiones políticas) que sufre la sociedad argentina algunos miembros de la comunidad lo ven como algo positivo. Esto es así sobre todo entre los padres de los alumnos que concurren a la escuela que no son musulmanes. Estos padres se acercan porque consideran que se trata de una buena escuela, y la seguridad que les brinda la protección policial es vista como una ventaja más.

El Centro recibe también, sobre todo en su mezquita a recientes inmigrantes musulmanes provenientes de África, sobre todo de Senegal y Ghana. Sin embargo, el CIRA no ha formalizado ninguna gestión frente al Estado para facilitar esta inmigración o la absorción de estos inmigrantes en la sociedad argentina. Según Abboud cuando “alguien tiene una necesidad la tiene que hacer manifiesta, y (estos inmigrantes) no pidieron nada”.

Abboud declara que la existencia de figuras centrales de la política nacional relacionadas de alguna manera con la comunidad islámica no influyó en absoluto en el desarrollo de la institución. Ni el pasado musulmán de Menem ni el mantenimiento de la religión musulmana de Zulema Yoma significó un rédito para la institución, que intenta mantenerse al margen de pronunciamientos políticos. El financiamiento del CIRA proviene exclusivamente del aporte de sus donantes privados y, según se infiere de lo dicho por Abboud, el alquiler de algunos inmuebles. No recibe fondos del Estado argentino ni de ninguna embajada extranjera, si bien el CIRA fue relacionado en más de una oportunidad con las embajadas de Arabia Saudí y de Libia. Según Ricardo López Dusil, director de “El Corresponsal de Medio Oriente y Africa” la construcción de la mezquita Al-Ahmad, inaugurada en 1986 y el Colegio Argentino-Árabe, en 1991, fueron financiados -además del aporte de la comunidad local- por los ministerios de Asuntos Religiosos de Arabia Saudí y Libia. Por su parte, el Imam Mahmoud Hussain asegura que el CIRA comenzó a impulsar sus actividades en la década del setenta gracias al aporte material y humano enviado por Libia, debido a las relaciones mantenidas con ese Estado por el embajador argentino Omar Bakir durante las presidencias de Perón y de Menem. La mezquita Al-Ahmad tiene al frente al Sheij Ibrahim Desuque Al Alfi, enviado al CIRA por Al-Azhar Assharif de Egipto. Es de suponer que la presencia de un Sheij egipcio formado en Al-Azhar en una institución financiada en sus orígenes por el régimen wahabbíta responde al intento de representar a la mayoría de la comunidad musulmana. La posición de Abboud es que, puesto que en el Islam no es necesario que esté presente un sheik para poder rezar, esta función es, más que la de un líder, la de una persona estudiosa capaz de despejar dudas o emitir consejos. En cuanto a que el Sheij Ibrahim sea presentado por “La voz del Islam”, órgano oficial del CIRA (números 43 y 45, 2001) como el “Imam de los musulmanes en Argentina”, Abboud aclara que esa denominación está destinada a los lectores argentinos, y por lo tanto, en el lenguaje que estos lectores comprenden. El Sheij Ibrahim no conoce el castellano, por lo que los sermones deben ser traducidos. Abboud afirma que existen imames nacidos en Argentina, incluyendo al de la mezquita shiíta Al-Tauhid, pero ninguno con la formación del Sheij Ibrahim. Abboud no duda en afirmar que se trata de una falta de la comunidad islámica argentina no contar con alguna figura así, sobre todo en estos días de “alta exposición mediática”.

Sheij Abdul Karim Paz


Política e Islam: la era de  Menem

Hasta las elecciones de 1989 los musulmanes en la Argentina no tuvieron una gran actividad pública más allá de lo relacionado con la propia comunidad, ni reclamó por sus derechos como minoría religiosa a pesar de que la Constitución argentina discriminaba a todos aquellos que no fueran católicos apostólicos romanos. Las instituciones existentes y sus centros de culto sólo eran conocidos en los barrios donde funcionaban o por los miembros de la comunidad que frecuentaban los pequeños centros de estudio de árabe o del Corán.

Los apellidos de intelectuales (Asís, Massuh), o políticos (Saadi) no eran conocidos por su pertenencia religiosa/nacional (musulmán/árabe) pública sino por el lugar que ocupaban dentro de la sociedad a título personal. La constitución argentina vigente desde 1853 y modificada en varias oportunidades mantiene invariable hasta el día de hoy que “El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano.” No es un hecho menor; según la constitución original para ser elegido presidente y vicepresidente de la Nación había que “pertenecer a la comunión católica apostólica romana”. El acceso al poder de Carlos Menem el 10 de diciembre de 1989 y un conjunto de acuerdos políticos posteriores es lo que posibilitó la modificación constitucional. De origen sirio, el padre de Carlos Menem, Saúl Menehem y su madre Mohibe Akil, llegaron de Yabrud a principios de siglo para instalarse en La Rioja, una pequeña y pobre provincia fronteriza con Chile, otro país al cual habían llegado muchos árabes. Su acceso al poder, más allá de las cuestiones ideológicas, revolucionó el país. A pesar de definirse públicamente como cristiano y de “ascendencia siria”, para el imaginario popular por sus orígenes- Menem era considerado árabe-musulmán. En 1988 el periodista Rogelio García Lupo analizaba el lugar del aún candidato a la presidencia a la luz de la controversia acerca de sus orígenes étnicos y su relación con la ideología. “ La discusión sobre las raíces nacionales de Menem –escribía García Lupo- podrá oscurecer el debate más necesario acerca de las ideas reales del candidato y sobre todo de sus aliados ocasionales. Es el momento que la sociedad argentina reflexione sobre su propio racismo...”  Si bien el ex presidente Menem es reacio a responder acerca de sus orígenes y siempre afirma que sobre su mesa de luz están el Corán, la Torá y los Santos Evangelios, su ex mujer, Zulema Yoma –que se reconoce abiertamente como musulmana- afirma que Carlos Menem abandonó el Islam y se convirtió al cristianismo en 1966 sólo para dedicarse a la política porque su objetivo era llegar a la presidencia de la nación. De todas maneras, ella sigue considerando que “Menem es musulmán”. Según cuenta Zulema Yoma obispos de La Rioja le pidieron que ella también se hiciera católica porque “Carlos Menem tenía que llegar a la presidencia de la Nación” , lo que rechazó terminantemente.

La Reforma Constitucional de 1994 en un trámite bastante simple, sin traumas y basado en el consenso modificó el artículo que le impedía a cualquier ciudadano que no fuera católico de ser elegido en el cargo máximo de la Nación. Además, según la Constitución de 1853 al tomar posesión del cargo, el presidente y el vicepresidente debían jurar en los siguientes términos: “Yo, N.N., juro por Dios nuestro Señor y estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente...”  . Desde 1994 el único requisito para ser presidente es “haber nacido en el territorio argentino,o ser hijo de ciudadano nativo” y “al tomar posesión de su cargo el presidente y vicepresidente prestarán juramento, en manos del presidente del Senado y ante el Congreso reunido en Asamblea, respetando sus creencias religiosas, de: "desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente (o vicepresidente) de la Nación y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina.”respetando sus creencias religiosas”.

Es importante analizar la toma de posesión del mayor cargo político por parte de un ciudadano de origen árabe/musulmán/sirio y su incidencia en la vida social argentina en el marco de dos hechos, el contexto internacional y el nacional, ambos entrelazados. En el plano internacional, la caída del Muro de Berlín y el resurgimiento de los movimientos islámicos vino acompañado por la Guerra del Golfo con la participación del gobierno de Carlos Menem enviando dos buques de guerra.Ya antes de asumir como presidente Menem había manifestado su interés en el Medio Oriente. En 1989 prometió que visitaría Siria, su lugar de origen, después de asumir la presidencia y un asistente suyo reconoció que el coronel Muammar Ghadafi había contribuido con 4 millones de dólares a la campaña electoral. Una vez en el poder el propio presidente Menem dio pié para que la mitología popular creciera respecto de la representación árabe/musulmán. Para el imaginario popular el entorno del presidente tenía la representación del harén, como lo explica la periodista Norma Morandini en su libro de título homónimo, porque aunque “en la Argentina el harén no existe, pero sí un presidente que disfrutó de poder como un califa y una mujer musulmana “repudiada” como autoriza el Corán, que enterró su hijo según el rito musulmán.”
 Efectivamente, el entorno del presidente estaba poblado de relaciones familiares en una especie de juego con sus orígenes del Medio Oriente y su presente al frente de un Estado, hasta tal punto, que la difusión del primer encuentro, en Siria, con su mujer Zulema está teñido de la mitología de las mil y una noches.

La cuñada del presidente Amira Yoma pasó a formar parte del staff de la casa de gobierno y su marido sirio Ibrahim al Ibrahim -sin conocer el castellano- accedió a un alto cargo en el Aeropuerto internacional de la ciudad de Buenos Aires hasta que renunció en medio de un escándalo y se fugó del país. Su hermano –que también se convirtió, en 1982- fue presidente del Senado; su otro cuñado, Emir Yoma, fue su secretario privado hasta que fue desplazado por estar involucrado en acusaciones de lavado de dinero; su prima Rima Siman tuvo un cargo en la embajada en Italia mientras que otra prima, Amira Akil, ocupaba un cargo en la embajada en Siria; su otro cuñado Karim Yoma estuvo en Asuntos Especiales de la Cancillería, su hermano Munir Menem fue director de la Unidad Presidente, entre otros tantos familiares con cargos públicos.Además, en un juego ambivalente, Menem no negaba totalmente sus orígenes. Llegó a decir que era un descendiente de Mahoma y apareció en un popularísimo programa de televisión bailando con una odalisca árabe. Por otra parte, en la residencia presidencial el “kebbe”, el “laban” y el “arak”, servían para agasajar a los huéspedes. A pesar de haber gobernado la provincia de La Rioja en tres oportunidades con las banderas del peronismo , las medidas neoliberales de Carlos Menem presidente provocaron el rechazo de amplios sectores de la sociedad y en las manifestaciones callejeras opositoras se entonaba una canción despectiva respecto de su origen musulmán: Con la entonación de un muy popular jingle televisivo de los años ochenta “Traigan al gorila musulmán para que vea, que este pueblo no cambia de idea, lucha y pelea con las banderas de Evita y Perón.”

Sin embargo, no fue hasta los atentados contra la embajada de Israel y contra el edificio central de la comunidad judía, que los musulmanes como comunidad en su conjunto hicieron su gran aparición pública en la sociedad argentina. El 17 de marzo de 1992 una bomba destruyó la embajada de Israel en Buenos Aires donde murieron 29 personas. Casi dos años después, el 18 de julio de 1994, un atentado provocó la muerte de casi 100 personas en la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), el histórico edificio de la comunidad judía. Desde los primeros instantes el gobierno argentino –influenciado por la colaboración de los servicios de inteligencia israelí y estadounidense- señaló a Irán como responsable de los atentados realizándose la vinculación entre una supuesta conexión internacional con otra “local” que implicaría necesariamente la participación de miembros de la comunidad islámica en la Argentina aunque ningún miembro de la comunidad islámica fuera incriminado.

El gobierno, los diferentes servicios de inteligencia, los periodistas – nacionales y extranjeros- y la opinión pública comenzaron a interesarse en el punto fronterizo que une a la Argentina con Paraguay y Brasil, más conocido como “La Triple Frontera” porque allí confluyen la ciudad argentina de Puerto Iguazú, la brasileña Foz de Iguazú y la paraguaya Ciudad del Este, donde existe una importante comunidad islámica proveniente del Líbano.

El Imam Moceen Tabtabai de Ciudad de Este asegura que “acá hay muchos chiítas, muchos árabes fundamentalistas y algo locos, pero hablar de campamentos terroristas es una exageración”.A fines de 1994 el director nacional de Migraciones extremó las averiguaciones acerca de todo pasajero procedente de Medio Oriente o que profesara la fe musulmana lo que implica calificar de sospechosos a todos los musulmanes y árabes que ingresan a la Argentina. En el año 2000 un informe del Departamento de Estados de Estados Unidos sostenía que “a pesar de algunos logros, la Triple Frontera sigue siendo el foco de extremismo islámico en América latina” .

La comunidad islámica, ignorada por los medios de comunicación hasta ese entonces, y las palabras “shi’a” y “sunna” comenzaron a aparecer casi diariamente en todos los medios de comunicación y algunos de sus líderes fueron invitados a importantes programas de televisión para que intentaran explicar el porqué de la supuesta vinculación del Islam con el terrorismo. La palabra fundamentalismo comenzó a ser utilizada como sinónimo de musulmán y la comunidad islámica estigmatizada por su vinculación a los atentados. En los primeros seis meses de 1995 el diario Clarín, el más importante de la Argentina, utilizó la palabra “fundamentalismo” en 104 artículos como sinónimo de fanatismo, extremismo, y en líneas más generales de extremismo religioso musulmán. En esos 6 meses, sólo en 3 artículos el fundamentalismo no fue asociado al Islam, lo que marca una tendencia respecto a la asociación de una fenómeno con una comunidad en su conjunto. La agresividad simplificadora de los medios de comunicación contra el Islam también en la Argentina se convirtió en una realidad palpable. En 1996 escribíamos que la definición de la revista “El Mensaje del Islam”, editada por el clérigo chiíta Mohsen Rabbani, como "tribuna del oscurantismo religioso, del racismo antijudío y de la discriminación de la mujer" era un signo de dicha agresividad ya que difícilmente alguna revista de la comunidad judía sería calificada con tales epítetos por periodistas argentinos sin que cayera sobre ellos una andanada de críticas acusados de "posturas abiertamente antisemitas".La conmoción producida por los dos atentados que afectaron directamente a la comunidad judía –aunque políticamente no tiene el mismo significado el atentado a la representación diplomática del Estado de Israel que el atentado al edificio de la comunidad judía argentina- y su directa ligazón con algún sector islámico argentino o extranjero incentivaron la certeza de que la comunidad judía sería víctima de un nuevo atentado. Sin embargo, poco después del ataque a la mutual judía en 1994 el presidente Menem afirmó que él también estaba amenazado. “Soy considerado un traidor a la causa árabe –dijo-. Mi situación es preocupante”. En marzo de 1995, el hijo del presidente Carlitos Menem murió al estrellarse el helicóptero que piloteaba. Su madre, Zulema Yoma, insiste hasta el día de hoy en que el “tercer atentado” fue el asesinato de su hijo y –aunque las acusaciones son vagas- cree que su marido, siendo presidente de la nación, tuvo que pagar alguna deuda.

El ex asesor presidencial y diputado de origen árabe, Alberto Samid, afirmó en una entrevista que “Carlos Menem también es árabe.Traicionó sus orígenes. Es como un judío que de pronto se vuelve nazi.
Pero no me sorprende. El suele hacerse amigo de sus peores enemigos”.Las palabras de Samid, aunque ambiguas, ligan directamente la muerte de Carlitos Menem a alguna de las intervenciones del político Carlos Menem en el Medio Oriente. En el mundo árabe existe la sensación de que Menem los "traicionó" ya que
antes de acceder a la presidencia alardeaba de sus posturas "antisionistas" y "antiimperialistas" y una vez en el gobierno dio un giro de ciento ochenta grados para apoyar abiertamente la política de
Washington y del Estado de Israel.

La muerte del hijo del presidente conmovió a la opinión pública y por primera vez un funeral islámico pudo ser apreciado por millones de personas, de alguna manera legitimando y asociando –aunque esta vez
de manera trágica- el dolor de una madre con la presencia islámica en el país.

La década del noventa marcó la aparición “pública” de los musulmanes en la Argentina, pero debido a los atentados mencionados y a los estereotipos creados, los musulmanes estuvieron más preocupados por
demostrar que no tenían nada que ver con los atentados que en difundir su religión. Sin embargo, y a diferencia de la comunidad judía, el hecho de no haber sufrido graves y abiertas discriminaciones –hasta la década del noventa- les dificultó la organización de una respuesta política organizada frente a los ataques mediáticos. Más aún, según el Imam Mahmoud Hussain los intentos que hubo para crear un organismo
político que representara a todos los musulmanes sin tomar en cuenta las divisiones comunitarias fueron un fracaso.De todas maneras, hay que tener en cuenta que la vinculación de un sector de la comunidad islámica con los atentados tiene que ver con el hecho de que la mezquita Al-Tauhid dirigida por el Sheij Abdul Karim
Paz representa a un sector de la comunidad shiíta y está vinculada desde su nacimiento con la revolución iraní, y que dicha revolución tuvo como objetivo difundir su mensaje teológico-político a través de la
conformación de movimientos islámicos. Como lo señala el Imam Mahmoud Hussain, “al principio apuntaba a algo menos político y más religioso, pero en la época de la efervescencia de la Revolución Islámica, como toda revolución, fue realmente más político que religioso. Hoy está volviendo a ser más religioso que político. Abdul Karim Paz se separó de mi enseñanza justamente porque decía que yo no era tan fervoroso en favor de la Revolución Islámica de Irán y que había que obedecer a Jomeini”.

La mezquita más grande de la Argentina forma parte de un proyecto de difusión del Islam emprendida por el reino de Arabia Saudí en el marco de un Centro Cultural Islámico que porta el nombre de “Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas Rey Fahd” en honor al rey Fahd de Arabia Saudita. Por tal motivo las obras de construcción estuvieron directamente supervisadas por el Ministerio de Asuntos Islámicos y Auqaf (bienes religiosos) del Reino de Arabia Saudita. El Centro Cultural Islámico fue inaugurado el 25 de septiembre de 2000 en una ceremonia oficial con la presencia del presidente de la Argentina Fernando de la Rúa y del Príncipe Abdullah Bin Abdul Aziz, heredero del trono saudí en representación del Rey Fahd Bin Abdul Aziz que vino especialmente para su inauguración. El proyecto global consta de una mezquita con dos minaretes con capacidad para 1500 fieles y dos colegios primario y secundario –uno para varones y otro para mujeres- con 30 aulas que todavía no funcionan, una biblioteca, una sala de conferencias. No cabe la menor duda de que la mezquita llama la atención en una ciudad más parecida a Madrid o París que a El Cairo . Más de un año después de su apertura todavía parece una estructura vacía por la escasa presencia de fieles y contrasta por su tamaño con las otras dos mezquitas existentes en la ciudad de Buenos Aires La ceremonia de los viernes a las 14 hs. es la que congrega más fieles. En el hall central hay una foto de la Kaaba y una de Medina, en el oratorio tienen una tela de la Kaaba regalo del príncipe heredero y nadie oculta la ligazón existente entre el Centro y el reino de Arabia Saudí. Al igual que en las otras dos mezquitas, tampoco desde ésta se escucha al Mu’adhdhin (muezzin), “para no molestar” aclara Abdu Rahim el secretario del director que encabeza las visitas guiadas abiertas y públicas que se realizan todos los viernes para acercar a los no musulmanes al Islam y que insiste en minimizar la importancia de otras corrientes islámicas asociándolas con Irán y Afganistán ya que estas “son sectas mezcladas con política”.


Tomando en cuenta que en la ciudad de Buenos Aires hay tres mezquitas –además de varios centros oratorios- hay una diferencia fundamental entre Al Tauhid y las otras dos: los sermones de los viernes (khutba) se realizan en español sólo en Al Tauhid dado que el Sheij Abdul Karim Paz es argentino, conoce la realidad del país e incluso se permite bromear públicamente con la suerte del actual presidente de la nación, Eduardo Duhalde durante la celebración de Eid al-Adha. Más aún, algunas actividades de la mezquita Al Tauhid reflejan posiciones políticas que tienen que ver con la realidad nacional. En más de una oportunidad se han manifestado contra la deuda externa argentina y participan de un foro interreligioso (Diálogo 2000) contra la deuda y la condena hacia el régimen militar que gobernó entre 1976 y 1983, definido en su periódico El Muecín como “dictadura militar”. Además, el Sheij Abdul Karim Paz ha manifestado su apoyo a los reclamos de los maestros, a quienes incluso explicó que la expresión “gorila musulmán” (referida al entonces presidente Menem) era un agravio a los musulmanes y al Islam.

Conclusión

En los últimos años estamos en la presencia de una nuevo fenómeno, el Islam se ha incorporado a la sociedad como algo más natural y ya nadie se asombra si públicamente dice profesarlo, si existen programas de radio que lo difunden  o si Salma Haidar, la ministra de Bienestar Social de la provincia de Jujuy, jura sobre el Corán. Los hijos y más que nada los nietos de musulmanes buscan sus orígenes y tratan de acercarse a su propia historia y la de sus antepasados. A pesar del desarrollo de algunas mezquitas y centros de estudio, a falta de datos confiables es difícil afirmar que el número de musulmanes en la Argentina crece o decrece. Esto obedece a varios motivos. En el seno de las familias de origen musulmán se pierden las costumbres, desde el árabe hasta las comidas o las bebidas. Hay relativamente poco material de lectura en castellano sobre el Islam y mucho menos una transmisión sistemática de la tradición religiosa. Existe una tendencia histórica creciente de matrimonios “mixtos” donde los hijos pierden toda referencia al Islam y todavía se siente la falta de centros de estudios de difusión masiva sobre el Islam. Pero las dificultades en el conocimiento de la comunidad islámica de la Argentina radican en que aún no están identificados los que se “definen” como musulmanes en su sentido más amplio, no hay estudios específicos sobre la comunidad (ya que suelen ser un subproducto de las investigaciones académicas sobre los árabes, que también son escasas) y la memoria colectiva todavía está por ser elaborada.





Publicado en la revista "Todo es Historia".Buenos Aires, mayo 2003.