28/2/10

El Sagrado Corán y el Antiguo Testamento


Por el Sheij Alí Al-Husainí
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ORIENTACIONES CORÁNICAS SOBRE EL ANTIGUO TESTAMENTO

El Islam tiene tantos argumentos como el judaísmo y el cristianismo sobre temas como Moisés, la Torá o Pentateuco, Jesús, los Evangelios, los Profetas, las profecías, etc. Todo musulmán encuentra el conocimiento sobre estos asuntos en el Sagrado Corán y los dichos del Profeta (BPDyC), es consciente de que no es posible ser un musulmán en base a los textos cristianos o judíos, aún cuando se admite en el Islam la existencia de otros libros sagrados, aparte del Corán, y de otras tradiciones de la fe, aparte de la islámica. De hecho, el Islam considera que en su origen la Torá, los Salmos y el Evangelio son Revelación del Señor del Universo, pero como veremos establece límites para considerar auténticas a dichas fuentes en su estado actual, por lo que no nos basamos en ellas en todo cuanto contradigan al Sagrado Corán.

Lo importante es que el Islam provee de ciertos principios básicos para interpretar la historia sagrada de los pueblos, y en especial el judaísmo y el cristianismo. El Sagrado Corán y las enseñanzas orales del Profeta (BPDyC) se refieren frecuentemente a los Profetas de Israel, a Jesús, y a las tergiversaciones que sufrieron sus mensajes. El Sagrado Corán pone a los musulmanes en posesión de suficientes conocimientos como para sostener una posición independiente y sólida dentro del conjunto de las creencias del tronco de Abraham.

En lo que sigue trataremos de combinar los conocimientos actuales sobre el judaísmo y sus fuentes, aludiendo al cristianismo y las suyas, confrontándolas con las afirmaciones del Sagrado Corán, y en general lo que sostiene el Islam acerca de cada tema.



LA RECOPILACIÓN DE LOS LIBROS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Cuatro fueron las sucesivas etapas de redacción que tuvieron, a través de los siglos, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento (llamados Torá en hebreo, lo cual significa "Ley", y también Pentateuco en griego, con el significado de "cinco tomos")[1]. La versión más antigua que se conoce de las cuatro fuentes es la que los estudiosos llaman "Yahvista", palabra que deriva de Yahvé o Jehová, nombre de la divinidad en Israel. Esta se remonta, cuanto más, al siglo IX A.C., es decir a un período muy alejado de Abraham e incluso de la salida de Egipto. Sin embargo, estos libros narran sucesos históricos muy anteriores a su composición, por lo que es sumamente difícil que dichas narraciones hayan permanecido incólumes, fieles a los hechos tal cual ocurrieron y a las palabras tal cual fueron dichas. Así y todo, por ejemplo, relatan pormenores de la vida de Abraham (P), como que estuvo mucho tiempo en Palestina y Canaán, y hasta conversaciones particulares.

La autoría del "Pentateuco" o "Torá" le es atribuida a Moisés, sin ninguna prueba concreta de que él los haya compuesto, dado que los más antiguos de esos escritos son no menos de 300 años posteriores a su época. En realidad, dichos libros no es posible con certeza atribuírselos a nadie en particular, y menos a Moisés (P) del cual sabemos, únicamente, que reveló las "Tablas de la Ley", es decir los "Diez Mandamientos", pero no estos cinco libros con que comienza la Biblia. A lo sumo, sólo los párrafos más antiguos de la Torá podrían vincularse a Moisés, pero, aún así, sin ninguna seguridad[2].

Hoy en día la cuestión de la autoría del Pentateuco es bien conocida, sobre todo desde el siglo pasado, cuando algunos estudiosos alemanes realizaron profundas investigaciones al respecto. "Según Wellhausen, el Pentateuco no es obra de Moisés sino una compilación de fuentes postmosaicas". Dice un autor, para agregar: "No cabe duda de que el Pentateuco tiene una larga historia, ni de que es el fruto de una evolución"[3]. "Gracias a las investigaciones sobre la lengua y el estilo, cabe distinguir con creciente precisión las (numerosas) fases particulares de la composición de la Biblia..."[4], se afirma en otra obra. La "Biblia de Jerusalén" sostiene lo siguiente: "La composición de esta extensa compilación, era atribuida a Moisés, al menos desde el comienzo de nuestra era... Pero las tradiciones más antiguas jamás habían afirmado explícitamente que Moisés fuera el redactor de todo el Pentateuco... De hecho, el estudio moderno de estos libros ha evidenciado diferencias de estilo, repetición y desorden en las narraciones, que impiden ver en el Pentateuco una obra que haya salido íntegra de la mano de un solo autor"[5].

Los redactores del Antiguo Testamento, sacerdotes y escribas, reelaboraban la historia cada tanto. Al reescribirla la modificaban adecuándola a las necesidades del sacerdocio y de la clase gobernante y, lógicamente, en correspondencia con las circunstancias históricas por las que atravesaban. De esta manera se fue transformando el legado original de Abraham y Moisés, porque indudablemente la situación histórica, social, económica y política que enfrentaban aquellos redactores, e inclusive el contexto cultural y aún geográfico, eran diferentes a los originales. Si bien ello constituyó un motivo valedero para adecuar las enseñanzas antiguas a su nuevo entorno, nunca debería haber originado la deformación y la falsificación de las fuentes, como parece haber sucedido inevitablemente. Esto lo afirma el Sagrado Corán, al decir que los escribas y sacerdotes han inventado historias y las han introducido en la Torá (cfr. 2:42, 75, 78, 79, 140 y 141). Como ejemplo de la deformación de los libros antiguos, el Sagrado Corán se refiere a la historia de los Profetas, a los cuales se les achaca en la Torá maldades que los anula como modelos para inspirar una conducta (en especial en el caso de David y Salomón). A pesar de ello, no es menor la deformación habida en lo que podemos llamar "perspectiva histórica" que nos comunica el Antiguo Testamento, por medio de una visión exclusiva y discriminatoria contra todo lo que no fuera "Israel".

Los estudios actuales emprendidos en occidente, para conocer con más precisión la historia de las civilizaciones del Cercano Oriente antiguo, como la evolución de sus idiomas, las creencias que sostenían, la interrelación de sus culturas, etc., nos proveen de un panorama más amplio y universal que el que nos comunica la Biblia. Hoy ya no vemos a Israel como un fenómeno sin relaciones con su entorno, aún cuando siga conservando sus rasgos peculiares; no podemos dejar de vincular, ahora, las tradiciones de otros pueblos con la del Antiguo Testamento, ni de reconocer la influencia del medio civilizador donde surgió Israel sobre el pensamiento, las creencias, las instituciones y en general la cultura de los israelitas. En una palabra, Israel ha dejado de ser el pueblo único, mistificado por sus escritos sagrados, gracias al cual comenzó la historia de la humanidad, como se llegó a creer hasta no hace mucho.

Por otra parte, el estudio de los libros sagrados de Israel, sobre todo del Pentateuco o Torá, nos permiten afirmar con certeza que estos escritos no aparecieron de pronto y de una sola vez, aunque hasta fines del siglo pasado para judíos y cristianos el Antiguo Testamento era, sin discusión, "la revelación" en persona, y lo sigue siendo para ciertas posiciones dogmáticas. Partiendo de la base de que continuamente han sido "reelaborados" y puestos al día, no podemos afirmar, sin más, que

son una revelación en el sentido que la entendemos los musulmanes: como el texto invariable proveniente del Señor del Universo, adecuado por sí mismo para todo tiempo y lugar, e imposible de ser modificado por los hombres. Estos atributos los podemos encontrar en los Diez Mandamientos, pero no en todo el Pentateuco. Además, la intención de la mayoría de los textos del Pentateuco no es la de constituir en sí mismos una revelación, sino la de mantener la tradición de Israel. Esto es muy evidente cuando se comprueban ciertos hechos, respecto de los cuales dice un autor: "...La presentación de los acontecimientos en los grandes documentos (del Antiguo Testamento)... estaban expuestas a múltiples reelaboraciones y frecuentes interpretaciones con el fin de hacerlas actuales en los diversos períodos de la historia"[6]. Agregando más adelante: "Así es como fue creciendo lentamente el depósito de la tradición; le añadieron nuevos elementos y reinterpretaron los antiguos. Junto a las redacciones primitivas aparecieron duplicados más recientes", afirmando luego, "todo esto se repitió en el origen del Nuevo Testamento"[7].

Tenemos, pues, que el Pentateuco constituye el legado primitivo de un pueblo del Cercano Oriente antiguo, que recoge buena parte de las creencias que sostenían en esa época la gente de aquella región, que refleja, además, gran cantidad de referencias históricas, que nos permite tener conocimiento del idioma que tuvieron dichos pueblos y de los cambios que se produjeron en su cultura. Todo ello amén de mantener la tradición de los Profetas o maestros que existieron en ese lugar. Estos libros constituyen, en síntesis, la recopilación de antiguas tradiciones recogidas e interpretadas de acuerdo a las necesidades de cada época, pasadas al principio de boca en boca, y en un momento dado escritas por numerosos redactores que fueron influidos por el medio y las épocas diversas que les tocó vivir. Para los musulmanes, el Pentateuco, en su casi totalidad, no es una "revelación", sino que tiene la categoría de relatos históricos y tradiciones proféticas, seguramente inspiradas, aunque presentando las alteraciones que siempre sufren este tipo de escritos por obra de quienes los adulteran con fines aviesos.

Volviendo a la existencia de cuatro fuentes de redacción, o corrientes de pensamiento, en el Pentateuco, dice al respecto un autor: "Los estudios literarios del Pentateuco han demostrado que en los libros de Génesis y Éxodo existen tres relatos paralelos que han sido posteriormente entretejidos en uno"[8]. Y también se afirma: "...Cada una de las tradiciones aisladas que ahora se hallan unidas en los documentos principales (del Pentateuco), han recorrido solas una larga historia en la que estaban expuestas a múltiples reelaboraciones y frecuentes interpretaciones con el fin de hacerlas actuales en los diversos períodos de la historia"[9].

Las otras tres composiciones del Pentateuco, a las que hicimos referencia al principio, aparte de la "Yahvista", están constituidas por la llamada "Elohísta" (debido al uso que en dicha versión se hace de "Elohím", otro de los nombres de la divinidad), el Deuteronomio y, por último, la tradición "Sacerdotal". Las cuatro representan sucesivas corrientes comprobables en el Pentateuco, cada cual aportando su propia visión, aunque se combinaron finalmente todas ellas en una sola. La "Yahvista" parece ser, sin embargo, la más antigua y fiel al origen, y se cree que fue escrita en época de Salomón.

En determinadas épocas, pues, se combinaron los relatos en uno sólo, y recién en el siglo III A.C. la evolución de estos libros parecía haber culminado, haberse detenido, con la famosa "septuaginta", texto griego que establecieron los sabios judíos reunidos en Alejandría, y en el que cristalizaron las versiones que ya existían por entonces. A pesar de ello aquí no terminó la historia, todavía quedaría por cumplirse una nueva etapa con la traducción al latín de estos libros, por parte de San Jerónimo, en el siglo V D.C., a la que se llamó "Vulgata". Mil años después, en el siglo XV, aparecería en Italia la primera versión impresa de la Biblia, que seguramente tuvo a la "Vulgata" de San Jerónimo como modelo, pero que posee notables diferencias con la versión griega de la "septuaginta", antes mencionada.

Volviendo atrás en el tiempo, en el siglo V A.C, se produjo un cisma entre los judíos, apareciendo una secta llamada "samaritanos", que sólo reconocieron su propia versión de la Torá, escrita en siríaco, la cual no incluye todos los libros contenidos en la "Vulgata" y la "septuaginta"[10].

Para completar este panorama, de suyo confuso, en 1947 se encontraron los famosos "rollos del Mar Muerto", que vinieron a agregarse a la ya abundante cantidad de versiones del Antiguo Testamento hasta entonces existentes, y que tampoco parecen concordar totalmente con el resto de los escritos conocidos.

En orden cronológico, podríamos decir que existen los siguientes documentos del Antiguo Testamento: 1) Los textos encontrados en Qumrán, más conocidos como "rollos del Mar Muerto", que hasta ahora son los más antiguos testimonios bíblicos (en arameo de molde cuadrado); 2) La Septuaginta (en griego); 3) La Torá samaritana (en siríaco); 4) La Vulgata (en latín), y 5) La edición en italiano, del siglo XV, primera versión impresa.



LA LENGUA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Otra de las cuestiones muy importantes se refiere a la lengua en que fueron redactados los libros de la Torá. Teniendo en cuenta que fueron escritos por numerosos autores, quizás más de cuarenta, y que se compusieron en períodos de la historia muy alejados unos de otros, y en circunstancias muy distintas, en las que se ejercían influencias diversas sobre el Cercano Oriente antiguo, encima de todo esto el Pentateuco no fue redactado en una lengua invariable, inalterable y siempre idéntica. Como hoy sabemos, los israelitas penetraron en Palestina sin haber desarrollado una cultura escrita, eran analfabetos, y allí encontraron una lengua y un sistema de escritura que utilizaron para registrar sus libros sagrados; dicho idioma fue el cananeo.

Posiblemente el canto de Débora, incluido en el Capítulo V del libro de los Jueces, sea la obra más antigua del Antiguo Testamento, como sostienen algunos estudiosos. Debería haber sido, pues, compuesto en la lengua más primitiva empleada por los israelitas. ¿Fue ésta el hebreo, es decir, la misma lengua que sirvió a las tribus en sus migraciones por el Cercano Oriente antes de asentarse en Palestina? No, la que se utiliza es en realidad el arameo, o mejor dicho, el "cananeo medio evolucionado, con un matiz de hebreo", según lo definen los especialistas. Es también la lengua utilizada por Ezra en su restauración del Antiguo Testamento, después del cautiverio en Babilonia.

Otra de las pruebas en este sentido son los fragmentos que han llegado hasta nosotros de la isla de Elefantina (Filae), en Egipto, donde hubo una comunidad hebrea. Dichos fragmentos fueron escritos, también, en arameo[11].

Una lengua "hebrea", como tal, no fue utilizada para redactar la Torá, y los documentos más antiguos que se encontraron de estos libros, como los rollos del Mar Muerto, están en arameo de escritura cuadrada. Este tipo de escritura no existía antes del siglo IV A.C., por lo cual no existe un documento concreto que resulte tan antiguo como para demostrar que la redacción del Pentateuco se remonta a Moisés, o al menos a la época de los jueces.

Otra de las pruebas de que el hebreo, idioma utilizado por el pueblo en sus emigraciones hasta su entrada en Palestina, no tuvo mayor utilidad en la redacción del Pentateuco, es lo que cita Isaías, cap. 19: 1819, sobre la lengua que se hablará en Egipto en los tiempos mesiánicos: "En aquel tiempo habrá cinco ciudades en la tierra de Egipto que hablen la lengua de Canaán...", es decir el arameo. En una palabra, el profeta Isaías no da mayor relevancia a otra lengua que al arameo, aún en una época de gloria para Israel, como lo es la era mesiánica.



MENCIÓN EN EL CORAN DE LOS ANTIGUOS TESTAMENTOS Y DE SU ALTERACIÓN

El Corán menciona "las páginas de Ibrahim (Abraham) y de Musa (Moisés)" (87:19), es decir las escrituras o libros de ambos Profetas. Pero, ¿dónde están estos libros?, en realidad han desaparecido como tales, aunque en parte fueron recogidos por el Pentateuco, si bien allí también se introdujeron modificaciones, según afirma también el Sagrado Corán. No es posible citar al Corán parcialmente, tomando un solo versículo acerca de una cuestión, olvidándose de lo que afirma el resto del Libro sobre el mismo tema. Si procediéramos así caeríamos en errores respecto de su doctrina. Por eso, si bien alude a la Torá como "una revelación", se refiere a su estado inicial, pues varias veces dice que la alteraron.

La corrupción de los libros antiguos está mencionada en el Sagrado Corán de este modo:

¿No has visto a quienes (se refiere a los rabinos) recibieron una parte (del conocimiento) de la Escritura (Torá): ¡Como adquieren el error (en lugar de la verdad) y quieren que vosotros extraviéis el Sendero!?... Entre los judíos hay quienes alteran las palabras de su lugar (sea cambiándolas por otra o interpretándola según sus caprichos) y exclaman: '¡Oímos (la Revelación) y desobedecemos (cumplirla)!'... ¿No has reparado en quienes (se consideran) a sí mismos puros (y perfectos, es decir "elegidos")? Empero Allah purifica a quien El quiere... ¡Observa cómo inventan mentiras sobre Allah! (4:44, 46, 49 y 50)

Y en otros párrafos dice:

Por cuanto (los judíos) han rechazado su pacto (con Allah) les Hemos maldecido y hecho duros sus corazones. Alteran las palabras de su lugar y han olvidado parte de lo que se les recordó (en la Revelación)... Y de aquellos que dicen 'somos cristianos' Hemos aceptado su pacto, pero olvidaron parte de lo que se les recordó... ¡Gente de la Escritura (judíos y cristianos)!: Os ha venido Nuestro Mensajero (Muhammad) para evidenciaros mucho de cuanto ocultáis en la Escritura y para indultaros mucho (de vuestras faltas). ¡Os ha venido de Allah una Luz y un Libro evidentísimo (el Sagrado Corán)! (5:13 a 15) (Todo lo entre paréntesis fue agregado por nosotros para facilitar la comprensión.)[12]

El Sagrado Corán afirma que la clase de los escribas y el sacerdocio alteraba la revelación contenida en la Torá que ellos debían custodiar:

¡Desgraciados quienes escriben el Libro (revelado, la Torá) con sus manos (para adulterarlo), y luego dicen 'esto proviene de Allah', para procurarse una ganancia (en este mundo)!, ¡desgraciados sean por cuanto escriben sus manos, desgraciados sean por lo que procuran ganar! (2:79) (Todo lo entre paréntesis es nuestro).

Son tres maldiciones o amenazas ("desgraciados sean"), que están dirigidas a los escribas de la clase sacerdotal, que copiaban los libros sagrados "actualizándolos", de acuerdo a la conveniencia. Los motivos citados por el Sagrado Corán: 1) Adulteraban la Revelación presentando como tal a sus invenciones; 2) Sus fines eran materiales, mundanos, calificados por el Sagrado Corán como una "magra ganancia"; 3) Sus propias ganancias son malditas y desgraciadas, al final del párrafo coránico, lo cual significa que con ellas envilecen la vida religiosa, social, cultural y política, a través de un sistema de vida viciado, sostenido por la clase gobernante.

Creemos que a esta altura de los conocimientos antiguos no es necesario insistir para desacreditar la fe ingenua de quienes piensan que la Torá es un libro "revelado" e "inalterado", y que la historia de "Israel" es una continuidad desde Abraham, con él sea la Paz, hasta los sionistas actuales. Son los mismos que siguen creyendo hoy que los judíos son el "pueblo elegido", y que el sionismo (que tiene una prehistoria muy interesante desde la época de Moisés, contra quien combatió por la adoración del becerro de oro), es su doctrina sagrada actual.

Dice El Corán de éstos:

¡No disfracéis la Verdad de falsedad, ni escondáis la Verdad conociéndola! (2:42)

¿Cómo pretendéis que se os crea (la presunción de creyentes, "elegidos", etc.) cuando una parte de ellos (el sacerdocio, los escribas) escuchaban la palabra de Allah y enseguida la adulteraban, después de haberla comprendido, y a sabiendas? (2:75)

Hay entre ellos ignorantes que no conocen del Libro (la Torá), excepto fábulas, y no hacen sino conjeturar. (2:78) (Agregamos los paréntesis para aclaración).



ISRAEL Y LOS PUEBLOS SEMITAS

Otro de los problemas fundamentales en el Antiguo Testamento es que se encuentran en parcial contradicción con hallazgos históricos recientes, con ciertas comprobaciones sobre el Cercano Oriente que se refieren al papel histórico y cultural de los pueblos de esa región. Muchas de las afirmaciones de la Biblia son coincidentes, pero otras son bastante diferentes al panorama total que nos presenta ¡a historia del Cercano Oriente antiguo, sobre todo en lo que se refiere a la vida de los pueblos y a sus creencias, cuyo conocimiento hoy ha sido ampliado de manera formidable.

Esta falta de coincidencia del Antiguo Testamento con una perspectiva histórica auténtica se debe, antes que nada, a su exclusivismo y discriminación en contra del resto de los pueblos semitas. Desde todo punto de vista es imposible que el Señor del Universo discrimine con un sentido tribal, racial o nacionalista, pero resulta de lo más increíble comprobar en el Antiguo Testamento una tendencia al tribalismo primitivo, respecto de lo que se llama "Israel". No negamos la elección divina de alguien en particular, o aún la de un pueblo, para una función determinada, en tanto que se cumple dicha función, ni negamos la circunstancial e histórica preeminencia de unos pueblos sobre otros, siempre pasajera y momentánea, y en tanto que un interés espiritual (no mundano) así lo justifique. Lo que no podemos admitir es que dicha "elección" o "preeminencia" se sustente sobre bases tribales, nacionales o raciales, como no es admisible que se funde en el poder político o económico, exclusivamente, sino en la superioridad moral y espiritual. Esta doctrina es evidente en el Sagrado Corán, como es claro en él que los israelitas gozaron en su momento de esa elección, la cual perdieron, como el mismo Libro afirma, debido a su corrupción y rebeldía[13].

Israel no era muy diferente de los pueblos que la rodeaban, por el contrario, estaba formado desde el principio por esos mismos pueblos, por los arameos, los cananeos, los madianitas, etc. Es debido al particularismo semita, verbigracia, por lo cual los pueblos mencionados en el Antiguo Testamento combaten contra los indoeuropeos cuando éstos invaden su territorio, enfrentándolos por la posesión del principal escenario de los semitas, Siria y Palestina, sea a los "pueblos del mar", sea a los romanos[14].

Pero, además, y sin que ello constituya una aberración para nosotros (porque tal era la situación normal del Cercano Oriente), los israelitas combaten contra otros pueblos semitas, como los moabitas, los edomitas, o los madianitas, que eran, en definitiva, sus hermanos. Lo que, por cierto, constituye una aberración, es que hayan podido comunicar al futuro una visión de los hechos parcialista y fanática, que condena y excluye al resto de los pueblos por el simple hecho de ser sus enemigos. Y más aberrante, aún, es que haya estudios tendenciosos que todavía se hagan eco de la mistificación histórica y que la pretendan sostener como una verdad inatacable, cuando una gran cantidad de evidencias históricas, hoy descubiertas, nos dicen lo contrario.

En definitiva, los israelitas fueron una parcialidad humana que vivió en cierta época de la historia en el Cercano Oriente, y que era parte de esa cultura, hasta el punto que su libro sagrado, el Pentateuco o Torá, recibió la contribución del medio civilizador circundante y de las culturas que lo habían precedido. Prueba de esto, es que en el mismo Pentateuco se descubre la influencia de varias civilizaciones, en diversos períodos de la historia: la más antigua influencia fue egipcia; luego la amorreacananea; luego la babilónica, en la época en que esta civilización abarcó todo el Cercano Oriente antiguo; e, inclusive, se comprueba en dicho libro la influencia persa.

Existen dos cuestiones que hoy conocemos mejor y que nos dan una idea más real y no mistificada de lo que fue Israel. Por una parte, Israel nunca formó un pueblo único, diferente al resto de sus parientes semíticos, escindido de todo contacto con ellos, y singular en sí mismo, como se desea hacernos creer generalmente. Dice un autor: "No es seguro que el conjunto de las poblaciones que iban a constituir Israel, hubieran participado (todas) del éxodo (de Egipto). Diversos indicios permiten creer que algunos grupos emparentados entre sí se encontraban ya en Palestina central, más precisamente en la región de Siquem... y que fueron asimilados por los recién llegados".[15] Es decir, "...que determinada parte de la población autóctona fue absorbida por las tribus israelitas... que no sólo absorbieron grupos emparentados racialmente con ellas (como los calebitas, jerachmelitas y kennizitas), sino también muchos elementos cananeos y hurritas", estos últimos de origen indoeuropeo[16]. Israel, como el resto de los pueblos de la historia, se formó de una mezcla racial que se evidencia a lo largo de su existencia de diversas maneras: sobre una base semítica se agregaron otros componentes de diverso origen. Por lo tanto, sería imposible sostener la "pureza" o "incontaminación" del pueblo del Antiguo Testamento, o que pudo haber quedado al margen de todo contacto con el resto de los pueblos de su región, o que son de un origen único y perfecto, el origen patriarcal en Abraham.

El hecho de que los israelitas alegan la descendencia de Abraham, Isaac y Jacob en toda su pristinidad, se ve sumamente debilitado por los conocimientos actuales, y debe ser interpretado, necesariamente, en un sentido espiritual y no exclusivamente biológico. Del mismo modo, los árabes ismaelitas son descendientes de Abraham por la línea de Ismael, en un sentido espiritual y no meramente carnal. La tradición de Abraham no se limita a generar una raza, o un pueblo determinado; su verdadera descendencia es espiritual, además de ser lo más universal posible, y no discriminatoria ni exclusivista.

El segundo hecho que hoy nos permite tener una visión no mistificada de Israel es el de que la tradición israelita, contenida fundamentalmente en el Pentateuco, no constituye algo exclusivo suyo, sino que a ella han contribuido otras tradiciones semitas. Dice en la "Biblia de Jerusalen": "Los progresos realizados por la arqueología y la historia de las civilizaciones vecinas a Israel han demostrado que muchas de las leyes o de las instituciones del Pentateuco tenían paralelos extrabíblicos (es decir, existían en otros pueblos aparte del israelita), anteriores con mucho a las fechas que se atribuían a los 'documentos' (es decir, a los textos bíblicos) y que una porción de los relatos del Pentateuco suponían un medio distinto —y más antiguo— que aquel o aquellos en los que habían sido redactados tales 'documentos' (es decir, que esos relatos tenían su origen fuera de Israel, cómo esto es evidente en el relato del Génesis o creación)"[17]. Y alguien afirma lo siguiente respecto de la tradición asiria, que a su vez recoge otras tradiciones mucho más antiguas del Cercano Oriente (como las descubiertas en Ugarit, Mari y Ebla): "Leo Oppenheim ha calculado... que el Corpus canónico conservado en la biblioteca de Assurbanipal comprendía por lo menos un millar de grandes tablillas que formaban un conjunto más vasto que la Biblia. Este corpus estaba constituido por obras literarias varias, presagios, listas lexicográficas, plegarias y sortilegios, textos épicos y sapienciales,..."[18]

Sería ilógico pensar que todas estas tradiciones nada tenían de parecido a lo que encontramos en la Biblia, o que no haya habido influencia de estos textos sobre los redactores bíblicos. Para los musulmanes, todas las tradiciones tienen un origen común y el Señor del Universo no escatima la verdad a ningún mortal. Creemos que cada pueblo recibió un maestro que le enseñó todo lo sagrado, e inclusive que le comunicó los conocimientos cosmológicos sobre los que se asienta la civilización[19].

Sobre esta misma base rechazamos la mistificación de creer que sólo Israel fue monoteísta, o que antes que los israelitas nadie recibió una revelación, que le enseñara un modo de vida de origen sagrado, el espíritu de purificación y perfeccionamiento, y la conciencia de constituir seres creados por un Poder divino, Único y absoluto. Esta no es más que una mistificación, propia de una idea cerrada, no universal, sino discriminatoria y exclusivista. El Islam asienta lo contrario, que hubo revelación de un modo de vida sagrado a todos los pueblos, blancos, negros o amarillos, y que en su origen todas las degeneraciones idolátricas partieron de concepciones monoteístas auténticas, reveladas a los pueblos a través de alguno de los maestros de la humanidad, especialmente enviado a cada uno de ellos. Precisamente el Sagrado Corán manifiesta que la idolatría es una degradación de la idea de la Unidad divina, degradación generada por los poderes que compiten por el dominio de este mundo: riquezas, armas, sacerdocio del error. Este mismo proceso degenerativo lo podemos ver plasmado en la propia historia de Israel, y contra él se levantaron profetas como Elías, Elíseo, Jeremías, etc. Si nosotros no admitimos que la verdad monoteísta es el monopolio de nadie, sea de Israel o de otro pueblo, ello es porque se trata de un conocimiento universal, metafísico, cuyo "invento" no está al alcance de ningún mortal, pues constituye una revelación del Señor del Universo.

Por otra parte, estamos lejos de atribuir a los Profetas de Israel, con ellos sea la Paz, las ideas discriminatorias y exclusivistas de la tradición israelita, por el contrario, las combatieron y hasta les señalan muchas veces a los israelitas que ellos no eran mejores que sus vecinos, que su única distinción consistía en obedecer al Señor del Universo, pues de lo contrario su pretendida "elección" era nula. Pero los Profetas fueron combatidos, perseguidos, asesinados, y no existe nada más elocuente que esto para saber cuál era el estado de un pueblo que asesinaba a sus Profetas y luego, sin ningún empacho, se declara elegido... Dice el Sagrado Corán al respecto:

Habíamos tomado pacto con Bani Israil (hijos de Israel) y les enviamos Profetas, Cada vez que recibían un Profeta con aquello que sus pasiones (o almas) no deseaban, (se ensoberbecían) a una parte (de los Profetas) desmentían y a otra parte asesinaban (5:69. Los paréntesis son nuestros).

(Los judíos) serán asediados por la humillación donde sea se encuentren, excepto por una misericordia (o dispensa) de Allah y bajo la custodia de los hombres (especialmente de los musulmanes). Han provocado la ira de Allah y son asediados por la miseria. Esto por haber sido infieles a los Signos de Allah y por haber asesinado a los Profetas, injustamente, habiendo caído en rebeldía y transgresión (3:112. Los paréntesis son nuestros).

Además de la oposición tenaz y cruel de Israel a sus Profetas, debemos observar que en la Biblia aparecen varios no israelitas notabilísimos mencionados como creyentes, tal es el caso de Melquisedec, el rey de Salem, nombre antiguo de Jerusalén. Si tenemos en cuenta que Melquisedec bendice a Abraham, y que éste último le rinde tributos, como figura en el Pentateuco, debemos admitir que la tradición verdadera es más antigua que Israel, que el monoteísmo estaba presente mucho antes en algunos pueblos del Cercano Oriente, aún cuando luego se degradó debido a la corrupción histórica. Dice en Génesis: "Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo... le bendijo, diciendo: 'Bendito sea Abram (por parte) del Dios Altísimo, Creador de los cielos y de la tierra, y bendito sea el Dios Altísimo...' Y Abram le dio diezmos de todo". (14:18 a 20. Agregamos un paréntesis).

Un caso similar al de Melquisedec presenta Jetro (llamado en el Sagrado Corán "Shu'aib"), el maestro y suegro de Moisés. Era madianita y a su lado estuvo Moisés durante cuarenta años. Además, según la Biblia, vemos a Moisés prosternarse ante Jetro, participar de su holocausto, es decir de su sacrificio y oración, y recibir su bendición, como antes Abraham la recibiera de Melquisedec. Y todo esto sucedió nada menos que después que los israelitas cruzaron el Mar Rojo, es decir después de haber sido elegido Moisés por el Señor del Universo como el más grande Profeta de Israel, entre Abraham y Jesús, con ellos sea la Paz. Dice en Éxodo: "Moisés salió al encuentro de su suegro, se postró y le besó... (Jetro) dijo: 'Bendito sea Yahvéh, que os ha librado de la mano de los egipcios y de la mano de Faraón y ha salvado al pueblo...' Después Jetro, suegro de Moisés, ofreció holocausto y sacrificios a Dios; y Aaron y todos los ancianos de Israel fueron a comer con el suegro de Moisés en presencia de Dios" (18:10 y 12).

Job, ese ser singular y cuyo ejemplo no deja de dar lecciones éticas y espirituales a través de los siglos, no era israelita, ni lo fue Elías, con seguridad[20]. Sin embargo, es Elías el primero de los Profetas que se levanta contra la corrupción del monoteísmo en Israel.

Allí está Jonás, un israelita, enviado a proclamar el Mensaje a Nínive, capital de Asiria, la tradicional enemiga de Israel, por donde se deduce que otros pueblos, además del israelita, entraban en la complacencia divina, y merecían la revelación del Señor del Universo. Todos estos hechos desbaratan el concepto egoísta y fanático de "Israel, único elegido". Y por si esto fuera poco, Salomón es hijo de una no israelita, Betsabé, y uno de los ancestros de Jesús; Sara, Rebeca, Raquel, Lía y Rut, abuelas de Profetas y nobles mujeres mencionadas en la Biblia, no eran hebreas de origen[21]. El Mesías, Jesús hijo de María, es considerado un extraño a los judíos, un samaritano, él y sus discípulos, por los mismos que proclaman la superioridad judía como una cuestión racial o tribal, a perpetuidad.

Pero se olvida, también, que el mensaje de los Profetas contenía un universalismo que está en contraposición, totalmente, con el fanatismo exclusivista judío. Isaías proclama: "Prestadme atención, pueblos, naciones, escuchadme: que una instrucción (o ley) saldrá de mí, y juicio (o justicia) mía para las naciones. Inminente, cercana está mi justicia, como la luz saldrá mi liberación, y mis brazos juzgarán a los pueblos. Las islas esperan en mí y cuentan con mi brazo" (51:4 y 5). Esto se concretó en el Islam, precedido por la prédica de Jesús (P), pero sólo el Islam aplicó "los brazos" al inicio de la misión. Además, como se sabe, las "islas" son los oasis del desierto, desde donde partieron los musulmanes a imponer la justicia. Y luego dice Isaías: "Grita de júbilo, estéril que no das a luz; rompe en gritos de júbilo y alegría, la que no ha tenido los dolores; que son más los hijos de la abandonada, que los hijos de la casada, dice Yahvéh. Ensancha el espacio de tu tienda, las cortinas extiende, no te detengas; alarga tus sogas, tus clavijas asegura; porque a derecha e izquierda te expandirás, tu prole heredará naciones y ciudades desoladas poblarán" (54:1 a 3). Esto se refiere en su totalidad al Islam muy concretamente. La estéril que no da a luz es la tradición de Arabia, la de Ismael, aislado y sin Profetas en su descendencia. La "abandonada" es Hagar, madre de Ismael, quien fuera abandonada por Abraham. La "casada" es Sara que de su descendencia aparecieron los Profetas, a través de su hijo Isaac de su nieto Jacob. Los "hijos" del Islam serán en mucho más cantidad que los de Israel. "Ensancha el espacio..." es la profecía de la próxima expansión de la gente del desierto, con el Islam, "a derecha e izquierda", es decir, hacia oriente y occidente. El cristianismo sólo se expandió hacia la "izquierda". "Heredará naciones": ni los judíos, ni el cristianismo, aunque éste lo haya hecho en un grado menor, han heredado "naciones", culturas enteras, como las heredó el Islam, con Egipto, Siria, Persia, India en gran parte de su historia, Norte de África, e incluso algunas naciones de occidente. El cristianismo, no se puede negar, constituyó sólo un "movimiento hacia occidente" y heredó a Roma y a Grecia, casi exclusivamente, y a las naciones antiguas que estaban sometidas a la cultura grecorromana. Esta universalidad de Isaías es la verdadera tradición de Abraham, recogida en el Sagrado Corán.

En conclusión la Unidad divina no es una idea "inventada" por Israel, es muy antigua, natural a todos los pueblos, según nos enseña el Sagrado Corán. No solamente los ¡sraelíes fueron unitarios, todos los pueblos lo fueron en sus orígenes.

Afirma el Sagrado Corán acerca de la misión de los Profetas de revelar la Unidad divina:

Nosotros, sin duda, hemos revelado el Recuerdo (el Sagrado Corán), y Nosotros, por cierto, somos sus Custodios. Y Hemos enviado antes que a ti (a otras Mensajeros) a los diversos pueblos antiguos (15:9 y 10). No enviamos antes que a ti a ningún Mensajero sin que le reveláramos: " ¡No hay divino sino Yo, adoradme pues!" (21:25).

A partir del Islam, y desde Jesús, con él sea la Paz, el unitarismo se abre a todos los seres como una doctrina universal, la de Ibrahim (Abraham). Desde entonces pertenecer a esa doctrina equivale a ser de los elegidos, en el verdadero sentido de la palabra: de aquellos que alcanzan el conocimiento verdadero, que están en la purificación, cualquiera fuera su raza o su cultura.



LA ELECCIÓN DE ISRAEL

El Sagrado Corán rectifica la visión histórica y humana que nos trasmite el Pentateuco. Comparado con el Sagrado Corán, el Pentateuco aparece como demasiado cerrado y exclusivo, carente de una visión universal, tanto como excluyente con el resto de la humanidad. Esta visión es propia de la antigüedad, no es un defecto únicamente del Pentateuco. Sin embargo, en cierto momento ello llegó a su fin, y en el Islam ya no podemos encontrar un exclusivismo parecido al israelita, ni una elección divina que exalte el origen racial o la pertenencia a un ancestro común, como lo vemos en el Pentateuco.

Esto no significa que el Sagrado Corán rechace todo lo que dice la Biblia, por el contrario, ratifica gran cantidad de testimonios, confirmando así la veracidad del Antiguo Testamento. Pero la perspectiva general de éste último, su visión muy excluyente en favor de los hebreos e Israel, no se repiten ya en el Sagrado Corán. Esencialmente, la visión coránica contradice al Antiguo Testamento en varios puntos: 1) Jehová es el Dios exclusivo de Israel, lo cual en El Corán es rechazado, llamando a Allah "Rabbil'Alamín" (que se puede traducir tanto como "Señor de las gentes o de la humanidad", o "Señor de los universos"); 2) Israel es el único pueblo elegido, y quien en forma exclusiva recibe la Verdad. El Sagrado Corán rechaza esta pretensión mediante la doctrina universal de la Revelación a todos los pueblos y a todas las culturas; 3) Israel debe prevalecer, como tal pueblo, sobre el resto de la humanidad. El Sagrado Corán establece que Allah elige un pueblo, pero además que puede cambiar Su elección, y en este último caso no es condición determinante de que se sea descendiente de Abraham, Isaac y Jacob, o se sea negro o amarillo, europeo o semita.

Todo lo mencionado lo podemos comprobar en los siguientes versículos:

Y de cuando tomó tu Señor de las entrañas de la descendencia de Adán (a todos ellos), y les hizo testimoniar: "¿Acaso no Soy vuestro Señor?" Respondieron: " ¡Por cierto (que lo eres)...!" (7:172)

Era la humanidad una única comunidad, pero suscitó Allah (entre ellos) a los Profetas, albriciadores y advertidores;" é hizo descender con ellos el Libro (Revelación) con la Verdad... (2:213)

Si Allah quisiera haría de vosotros (la humanidad) una sola comunidad (o pueblo), sin embargo os probará por todo cuanto os concedió (en conocimiento y bienes): ¡Emulaos en el bien! Hacia Allah será el retorno de todos... (5:48)

Hemos enviado a cada pueblo un Mensajero, (que revelase): " ¡Adorad a Allah y huid de la abominación (sean ídolos, ideas o personas divinizadas)!" De ellos (los pueblos) hay a quienes Allah guió, y hay quienes en ellos sobrecayó el error. ¡Discurrid por la tierra y observad cuál fue el final de los desmentidores! (16:36)

A cada pueblo hemos dado un holocausto (a cumplir), para que recordaran el Nombre de Allah por cuanto les provee en reses de ganado. ¡Vuestro divino es un divino Único!: ¡A El someteos!, ¡albricia (Muhammad) a los humildes! (22:34)

Nunca existió ningún pueblo en el cual no hubiese habido un advertidor (25:24)

Cada pueblo (o comunidad) tiene su Mensajero (10:47).

Hemos enviado (el Mensaje) a (todos) los pueblos antes que a ti (Muhammad)... (6:42).

¡Creyentes!: Quien de vosotros reniegue de su fe, (sepa) que Allah levantará un pueblo (diferente), a quienes ame y ellos Le amen... (5:54).

Si estos son impíos a ella (la Revelación) he aquí que la encomendaremos a otro pueblo, que no es en cuanto a ella impío. (6:89)

Si os rehusáis (a seguir al Profeta)... mi Señor (os) reemplazará con otra gente. (11:57)

Dijeron los judíos y los cristianos: "Somos los protegidos (elegidos) de Allah y sus amados". Responde: "¿Por qué, entonces, os castiga por vuestras faltas?" Por el contrario, sois gente como (el resto) de la que creó. El indulta a quien quiere y castiga a quien El quiere... (5:18)

Todos estos versículos demuestran: 1) Que el Señor del Universo es el Único divino para todos los pueblos; 2) Que originalmente la humanidad era un solo pueblo, pero que aparecieron las diferencias, por lo cual el Señor Único reveló enseñanzas adecuadas a cada comunidad humana; 3) Que, en realidad, los hombres son, todavía, una sola familia, y si El quisiera haría de todos ellos (en base a una enseñanza universal como el Islam) un solo pueblo; 4) Que todo pueblo, sin excepción, recibió un maestro, enviado por el Único con un mismo Mensaje, y que El puede suplantar a un pueblo por otro. Ningún pueblo en especial es elegido a perpetuidad, y todos tienen la misma oportunidad de recibir la Revelación, siendo que la "elección", en realidad, sólo consiste en ser elegido para recibirla.

Tal es, esencialmente, la doctrina del Sagrado Corán, de la cual no se excluyen los mismos musulmanes, quienes han visto cómo en la historia del Islam unos pueblos reemplazaron a otros en la preeminencia y la dirección de la comunidad: persas a árabes, turcos a persas, mogoles a turcos...

En cuanto a la elección de los judíos, en especial, se debe citar, además, otro párrafo coránico:

El ejemplo de quienes fueron encargados de la Torá, y no la sostuvieron, es igual al ejemplo del burro cargado de libros. ¡Qué pésimo es el símil de la gente que desmiente los Signos de Allah! Allah no guía a la gente injusta. Di (Profeta): "¡Judíos!, si presumís ser los elegidos de Allah (y sus amados), con exclusión de la humanidad, entonces, ¡desead la muerte, si sois veraces!" Pero no la desearán en absoluto, debido a las obras de sus manos. Allah es Conocentísimo de (quienes son) los injustos (62:5 al 7).

Frente a esta visión islámica de la humanidad y de su relación con el Señor Único, visión pródiga y universal, luminosa y no discriminatoria, apartada por igual del egoísmo nacionalista, racista, o tribal, se alza como una supervivencia arcaica, ya corrupta y perimida, la falsa idea de "Israel, único elegido"[22]. Esta idea supone una concepción del mundo dentro de fronteras muy estrechas, y del hombre dentro de un cosmos increíblemente reducido, a pesar de que ya se había alcanzado a percibir, gracias a los Profetas, el extraordinario vínculo del hombre con el Señor del Universo. Esta antigua concepción mezquina continuó en el judaísmo hasta hoy, y se expresa actualmente en dos proposiciones básicas: la falsa doctrina de lo que podemos llamar "la continuidad histórica de Israel", inmutable a través de los tiempos, cualquiera fueran los cambios habidos en la historia (e inclusive los cambios que hayan afectado a los mismos judíos); y, en segundo lugar, la actual mistificación sobre que son "el pueblo elegido", a perpetuidad, y cualquiera fueran sus obras. Ambos conceptos son intolerantes y egoístas, y por ellos se ubica al resto del género humano al servicio de los judíos, del mismo modo que éstos últimos deberían servir al Señor del Universo, Quien, en definitiva, resulta así de propiedad exclusiva de los judíos.

Huelga decir que no es preciso desmentir tales creencias, pues no tienen asidero lógico, y no se puede desmentir lo que no es racional. Inclusive, si esas creencias tuvieron algún fundamento en el pasado (pues, como hemos dicho, todos los pueblos son "elegidos" en cuanto reciben la Revelación), hoy ya no tienen ningún sentido, ni aún en el caso de que se cumpla la condición original para que los judíos resulten efectivamente elegidos: "Jehová es tu Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos..." (Deut. 7:9), dos condiciones de las cuales frecuentemente los judíos estuvieron muy lejos, como lo están hoy mismo. No tienen ningún sentido, actualmente, las dos falsas creencias citadas en el párrafo anterior, pues, por una parte, el pacto a que se refiere el Antiguo Testamento quedó abolido, como surge claramente de varios textos de la Biblia; y, por otra parte, la doctrina unitaria de Abraham, de Melquisedec, de Jetro y de Moisés, llegó con Jesús (aunque no totalmente todavía) a una nueva situación, que se completó con el Profeta Muhammad (con todos ellos sea la Bendición y la Paz) y con el Sagrado Corán: Ella se dirige ahora a todos los pueblos, anulando así cualquier "elección" particular.



LA ELECCIÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO Y EN EL CORAN

El texto clásico del Antiguo Testamento que se alega en favor de la elección de Israel sobre el resto de los pueblos, se encuentra en el Pentateuco, en el Deuteronomio (7:69 y 14). Debemos aclarar que el Deuteronomio es un libro tardío, aparecido en época del rey Josías[23]

Hoy se cree que fue compuesto en dicha época, en la que ya se había desarrollado la idea de "pueblo elegido", que anteriormente no estaba presente. Dice Von Rad: "...debemos tener presente que el Deuteronomio interpreta la voluntad divina en una época muy concreta y bastante tardía." Y agrega más adelante, "la idea de elección es... una creación del Deuteronomio, incluso en su terminología"[24].

El texto del Deuteronomio que se refiere a la elección (sobre todo 7:6), es el siguiente: "Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios;... te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra"[25]. Sin embargo, la elección tiene sus condiciones: "Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo (Moisés) te prescribo hoy, para que tengas prosperidad? (...) Ama también al extranjero dándole pan y vestido ...porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto" (10:1213 y 1819 agregamos un paréntesis). Y en otro lugar dice: "He aquí que yo (Moisés) pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición si oyerais los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os prescribo hoy, y la maldición, sino oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de los dioses ajenos..." (11:26 a 28, agregamos un paréntesis).

Como vemos, ni aún en su inicio la elección suponía un pacto imperecedero e indestructible, sino sujeto a varias condiciones, las primeras de las cuales eran temer, amar y servir, y luego guardar los mandamientos, es decir obedecer. En realidad, tampoco "la tierra" y "la seguridad", tan deseadas por los israelíes, le eran dadas a Israel porque fuera él mejor a los demás pueblos, racial o culturalmente, sino para cumplir cierta misión: "No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones... porque pueblo duro de cerviz eres tú. Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová (...) y me habló Jehová (dice Moisés), diciendo: 'He observado a ese pueblo, y he aquí que es un pueblo duro de cerviz. Déjame que los destruya, y borre su nombre de debajo del cielo, y yo te pondré sobre una nación más fuerte y mucho más numerosa que ellos' (...) Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo (Moisés) os conozco..." (9:57,1314 y 24. Agregamos varios paréntesis).

En una palabra, de los textos no sólo surge la elección condicionada, sino también la igualdad de Israel con los otros pueblos, en lo que se refiere a la "justicia y rectitud" de su corazón, es decir a su estado espiritual. También se destaca allí la necesidad de que llegue a poseer "la tierra" y "la seguridad" por sus altas cualidades espirituales, no por la nobleza de sus antepasados, porque naturalmente es un pueblo rebelde, como el resto de los pueblos, y debido a ello puede caer en la impiedad, como los otros. Veamos sí no: "Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieras a ellos, y te inclinaras (ante ellos), yo (Moisés) lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis. Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis" (8:19 y 20, agregamos paréntesis). Así que a Israel le cabían las mismas sanciones que al resto de los pueblos, respecto de los cuales sólo tenía la ventaja de una elección condicionada, la cual, como ya veremos, perdió por su maldad.

Ahora nos toca repasar el punto de vista del Sagrado Corán, para volver luego al Antiguo Testamento, y observar allí cómo quedó abrogada la antigua alianza, en libros tales como los de Jeremías y Ezequiel. Dice el Sagrado Corán:

Dijo (Allah): " ¡Moisés!, en verdad que te he elegido (preferido) por encima de la gente, por medio de Mis mensajes y de Mi palabra..." (7;144)

Es decir, que la elección de Israel comenzó con Moisés (P), al cual eligió el Señor del Universo para comunicar Su mensaje a los hombres, al que además distinguió con la palabra (enseñanza) dirigida a él personalmente. El Señor no elige directamente a un pueblo, sino que enaltece a sus conductores, gracias a los cuales ese pueblo puede llegar a elevarse. Figuran, también, en El Corán cuatro citas en las que se afirma que Israel fue elegido (2:47 y 122, 7:140, y 45:16), la más explícita es:

Habíamos otorgado a los hijos de Israel (o descendencia de Jacob) el Libro, la Sabiduría y el Profetismo (la aparición entre ellos de los Profetas), y les habíamos provisto de todo lo bueno, y elegido sobre (el resto de) los pueblos. Les otorgamos evidencias del asunto (la próxima aparición del Islam). Pero no discreparon sino después de haberles llegado la ciencia (de aquellas cosas), por corrupción entre ellos... (45:16 y 17)

En cuanto al pacto (o promesa) con los israelitas, que es la base de su condición de "elegidos", el Sagrado Corán se refiere al asunto siete veces por lo menos, en forma concreta y directa (2:63, 83 y 93; 3:187; 4:154; 5:12 y 70). Refiere que los israelitas violaron el pacto o alianza varias veces, aún mismo en el Sinaí, cuando recién lo habían concluido, además de otras violaciones reiteradas posteriores, como por ejemplo no difundir entre las gentes aquello que les había sido dado con e| pacto, es decir la Revelación, y malvenderla; transgredir las prohibiciones que se habían establecido; calumniar a María (P) y rechazar al Mesías, pretendiendo que lo habían asesinado; asesinar a los Profetas (P); practicar el genocidio contra las poblaciones palestinas, cuando entraban allí; matarse mutuamente entre ellos; practicar la usura que les está prohibida, y estafar, devorando la hacienda del prójimo. Veamos algo de ello:

Y cuando establecimos pacto con vosotros (israelitas), y levantamos por encima vuestro el monte (Sinaí), (dispusimos): "¡Tomad lo que Os damos (la Revelación) con fuerza, y recordad lo que contiene, tal vez (lograréis) temer (al Señor)!" Luego rehusasteis (el pacto, adorando al becerro de oro), a pesar de eso (de las evidencias portentosas que se les presentaron). Y si no fuera por la Dispensa de Allah para con vosotros (al perdonaros, por ruego de Moisés) y Su Misericordia, seríais de los perdidos (2:63 y 64).

Y cuando establecimos pacto con vosotros, y elevamos por encima vuestro el monte (Sinaí), (dispusimos): " ¡Tomad lo que Os damos con fuerza, y escuchad (lo que se os encomienda)!" Respondieron (los israeIíes): "Escuchamos y desobedecemos (cumplirlo)". Pero sus corazones se embebieron con (el amor al) becerro, por su impiedad... Di (Profeta): "Si es (sólo) para vosotros la morada del más allá, a la vera de Allah, exclusivamente, desechando a la humanidad, ¡desead, pues, la muerte si sois veraces!" (2:93 y 94)

Donde es más explícito el Sagrado Corán sobre el rechazo del pacto por parte de los israelíes, y las causas que provocaron esto, es en los siguientes versículos:

Y elevamos por encima de ellos el monte en (señal de) pacto con ellos, y les ordenamos: "¡Entrad por la puerta (de Jericó) humillados (lit. : prosternándose)!"; y les ordenamos: " ¡No cometáis el sábado (ninguna transgresión, ni violencia)!" Y concluímos con ellos un pacto severísimo. Pero por violación de su pacto, y por su impiedad a los Signos de Allah, y su asesinato de los Profetas, sin justicia alguna, y su dicho: "Nuestros corazones están encubiertos (para no oír la Revelación)" —empero Allah los ha sellado (sus corazones) por su impiedad, y no creerán sino muy pocos (de ellos)—. Y por su impiedad con su dicho sobre María (de que fue pecadora) —¡grande es la injuria!— y su dicho: "Hemos matado al Mesías, Jesús hijo de María, el Mensajero de Allah (...) Y por su aceptación de la usura, a pesar de estarles prohibido, y el devorar la hacienda de la gente, fraudulentamente: Hemos preparado para los infieles de entre ellos (los judíos) un castigo penosísimo (4:154 a 157 y 161).

El rechazo del pacto por parte de los judíos es también claro en:

Allah estableció pacto con Bani Israil... y dijo Allah: "Estaré con vosotros si cumplierais la oración, y dieras el tributo (zakát: una parte fija como contribución sobre la riqueza), y creyerais en Mis Mensajeros, haciendo por su triunfo, y (así) prestarais a Allah un favor hermoso: ¡Os indultaré, sin duda, todas vuestras maldades, y os introduciré, realmente, en jardines bajo los cuales fluyen ríos! Pero quien de vosotros sea impío, después de esto, he aquí que ha errado de la Vía Recta". Empero por cuanto ellos rechazaron su pacto (con Allah), los Hemos maldecido y empedernecimos sus corazones... Y no cesarás de descubrir alguna de sus (nuevas) traiciones (a lo pactado), excepto unos pocos de ellos. ¡Indúltales y discúlpales (Profeta)! Por cierto que Allah ama a los benevolentes. (5:12 y 13)

En cuanto a otra condición esencial al pacto que los judíos no cumplieron, por egoísmo y discriminación, es ésta:

Y cuando Allah estableció pacto con quienes recibieron la Escritura, (dispuso): "¡Debéis proclamarlo (el Mensaje) a la gente (de todos los pueblos) y no lo ocultéis!" Sin embargo, lo arrojaron detrás de sus espaldas, y adquirieron con él una magra ganancia (lo malvendieron). ¡Qué pésimo es lo que adquieren! (Profeta) no des por descontado que los que se alegran de lo que han consumado (el desvío), y que aman ser alabados por aquello que nunca hacen (ser considerados "elegidos", sin cumplir lo pactado), no estés seguro que ellos estarán a salvo contra el castigo: Tendrán (por el contrario) un castigo penosísimo. (3:187 y 188).

En cuanto al Antiguo Testamento, la cuestión de la elección es muchas veces planteada, y se dice que la antigua alianza ha sido abolida por el Señor del Universo. Por ejemplo:

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto..., dice Jehová. (Jer. 31:31 y 32)

No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigas a la memoria las cosas antiguas. He aquí que yo (Jehová) hago cosas nuevas; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad (...) Y no me invocaste a mí, oh Jacob, sino que de mí te cansaste, oh Israel (...) pusiste sobre mí la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades. Yo soy el que borró tus rebeliones por amor a mí mismo, y no me acordaré de tus pecados (...) Tu primer padre pecó, y tus enseñadores prevalecieron contra mí. Por tanto, yo profané los príncipes del santuario, y puse por anatema a Jacob y por oprobio a Israel.

¿Y quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en orden delante de mí, como hago yo desde que establecí el pueblo antiguo? Anúnciales lo que viene, y lo que está por venir. No temáis, ni os amedrentéis, ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios si no yo. No hay Fuerte, no conozco ninguno (Isaías 43:1819,22,24, 25, 27 y 28; 44:7 y 8).

Para los musulmanes, en todos estos párrafos la ruptura de la antigua alianza y la próxima aparición del Islam son una cosa clara. El nuevo pacto con Israel y Judá testimonia la aparición del Mesías, con él sea la Paz; los "caminos del desierto" y los "ríos de soledad" preanuncian la Revelación del Sagrado Corán. El anuncio del párrafo de Isaías: "¿Y quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en orden delante de mí, como hago yo desde que establecí el pueblo antiguo?", es innegable para los musulmanes, pues es claro que se trata de una nueva Revelación, de la categoría de la Torá, dada a Moisés, lo cual sólo se concretó con el Sagrado Corán, el Profeta Muhammad (BPDyC) y el Islam: "Anúnciales lo que viene (el Mesías)" y "lo que está por venir", luego del Mesías, es decir el Islam. "¿No te hice oír desde la antigüedad...? ...vosotros sois mis testigos", significa que ambos anuncios, el del Mesías (P) y el del Profeta (BPDyC), fueron hechos desde antiguo a los israelíes, y sin embargo éstos rechazaron a ambos cuando aparecieron.

El Profeta Ezequiel, por su parte, dice:

...Abraham era uno (solamente) y poseyó la tierra; pues nosotros (por el contrario) somos muchos; a nosotros (con más razón) nos es dada la tierra en posesión. Por tanto diles: Así ha dicho Jehová el Señor: ¿Comeréis con sangre, y a vuestros ídolos alzaréis vuestros ojos, y derramaréis sangre, y (a pesar de ello) poseeréis vosotros la tierra? Estuvisteis sobre vuestras espadas (matándose mutuamente), hicisteis abominación, y contaminasteis cada cual a la mujer de su prójimo (con el adulterio), ¿y habréis de poseer la tierra? (...) Y sabrán que yo soy Jehová, cuando convierta la tierra en soledad y desierto, por todas las abominaciones que han hecho. (33:2426 y 29 Los paréntesis son nuestros)

Como es sabido una de las cláusulas del antiguo pacto era "poseer la tierra" de Palestina (alegada fraudulentamente ahora también por los sionistas). Ezequiel les contesta que esa cláusula ha sido derogada por sus maldades. Y dice, también, Ezequiel contra el sacerdocio corrupto de Israel:

...Profetiza contra los pastores (sacerdotes) de Israel (...) No fortalecisteis las (ovejas) débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil a la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia (34: 2 y 4, agregamos paréntesis).

Y continúa:

...Mientras la casa de Israel moraba en su tierra, la contaminó con sus caminos (es decir, sus conductas), y con sus obras; como inmundicia de menstruosa fue su camino delante de mí. Y derramé mi ira sobre ellos por la sangre que derramaron sobre la tierra; porque con sus ídolos la contaminaron. Les esparcí por las naciones, y fueron dispersados por las tierras... Y cuando llegaron a las naciones adonde fueron, profanaron mi santo nombre, diciéndose (la otra gente) de ellos: "Estos son pueblo de Jehová, y de la tierra de él han salido". Pero he tenido dolor al ver mi santo nombre profanado por la casa de Israel, entre las naciones adonde fueron. (36:1721, agregamos paréntesis)

Estas palabras parecen profecías que se cumplen en la época actual, aunque en su origen ya se cumplieron en la antigüedad[26]. Si el primer pacto tuvo este fin, esta frustrada conclusión, no fue menos abominable la "segunda oportunidad" que tuvo Israel de parte de su Señor, después de haber vuelto del cautiverio, lo cual se produjo en el año 536 a. C. Este segundo período terminó con los siguientes hechos por parte de los judíos: Recibieron al Mesías y lo desmintieron, lo acusaron y lo sometieron a juicio, y determinaron asesinarlo[27]. Al respecto dice el Sagrado Corán:

Establecimos en el Libro en cuanto a los hijos de Israel: Corromperéis la tierra dos veces y os ensoberbeceréis grandemente. Y cuando venga el primero de ambos vaticinios, levantaremos contra vosotros unos siervos Nuestros, de intenso poder, que penetrarán hasta dentro de las casas: ¡Es un vaticinio consumado! (17:4 y 5)

El primer vaticinio se refiere al primer período de Israel, al que aludíamos con Ezequiel, el cual concluyó con la conquista asiria y la cautividad de los israelitas en Babilonia. Y continúa:

Luego, os devolvimos la prevalencia sobre ellos (vuestros enemigos), y os proveímos de riquezas y descendencia (masculina), y os hicimos muchos más en número (que ellos). Si hacéis el bien, lo haréis a vuestras propias almas, y si hacéis el mal será en contra de ella. Pero cuando viniera el vaticinio final, se ensombrecerán vuestros rostros, y (vuestros enemigos) penetrarán en el templo como penetraron la primera vez, y aniquilarán por completo aquello de que se apoderen (17:6 y 7, agregamos paréntesis).

Esta segunda ocasión se produjo con los romanos, cuando Tito destruyó el templo de Jerusalén en el año 60 d. C.

Es posible que vuestro Señor os tenga Misericordia, pero si reincidierais (una tercera vez) volveríamos (a castigaros). ¡Hemos hecho del fuego infernal cárcel para los impíos! (17:8, el paréntesis es nuestro).

Esta tercera ocasión parece darse en la actualidad, por el gran poder que ha adquirido el judaísmo, sobre todo con posterioridad a la segunda guerra mundial, y el invento sionista del "estado de Israel". Pero, inevitablemente, la promesa del Sagrado Corán es el castigo final, pues ya no se trata de que sus enemigos "penetrarán hasta dentro de las casas", ni de que "penetrarán en el templo", sino del "fuego infernal como cárcel".



EL MESÍAS ES LA SEÑAL DEL FIN DEL PACTO Y ELECCIÓN DE ISRAEL

Entre los enormes enigmas de la historia de Israel se encuentra como asunto central su rechazo del Mesías, Jesús hijo de María, con él sea la Paz. Durante más de un milenio Israel esperó esa aparición, con ansiedad, cifrando toda su confianza en aquél que iba a elevarlo de su postración. Sin embargo, de nada valieron los anuncios, la antigua confianza, los signos que demostró el Mesías, ni su sabiduría y pureza sin par en Israel,... lo rechazaron, lo sentenciaron a morir y crucificaron a alguien que ellos creían era el Mesías (P).

Pero, ¿cómo fue posible tamaño desatino y maldad?, ¿cómo fue posible que no reconocieran a Jesús por los signos que realizó, además de tener suficientes anuncios sobre él? Debemos remontarnos de nuevo a la soberbia de Israel, y su "estupidez" para lo sagrado, como pocos pueblos lo evidenciaron en el pasado. Esta misma falta de sentido para lo sublime (excluyendo a los Profetas) que corría por las venas de Israel, y que le hace decir muchas veces a su Señor: "Ámame, obedéceme, guarda mis mandamientos", es sólo comparable con la impiedad del hombre del siglo XX, o con la de los occidentales desde la época moderna. Una falta de sentido a la que podemos llamar "estupidez para lo sagrado" o "materialismo espiritual", con dos frases que dibujan bien lo ridículo y contradictorio de tal actitud.

El rechazo del Mesías le acarreó a Israel la misma consecuencia que antes le había producido su rebelión contra los Profetas, hasta el punto que Ezequiel llama patéticamente a Israel: "Comedora de hombres, y matadora de los hijos de tu nación..." (36:13), es decir de los Profetas. Nunca un pueblo fue más contumaz con sus verdaderos conductores, y nunca éstos fueron tan opuestos en su manera de ser a su pueblo, que no los comprendía ni quería seguirlos.

La misma exclusividad discriminadora, con la que fue interpretada la Revelación profética en Israel, por parte de los doctores de la ley, y acomodada a una versión mezquina, es la que lleva a concebir al Mesías por venir como un conquistador de pueblos, que permitiría a Israel dominar por la fuerza al resto de la humanidad (al menos de la humanidad que entonces era conocida), y en última instancia hacerla su esclava. Cuando aparece Jesús, con él sea la Paz, no con un programa de lucha sino de paz, un mensaje lleno de misericordia y universalidad, los judíos se sienten frustrados, y se tapan sus oídos y sus ojos para no verlo ni oírlo. En realidad, no podía ser de otro modo, pues de ser cierto el mensaje de Jesús, la doctrina del "Israel, único elegido" y su "continuidad" incondicionada, no podría sostenerse ya. Si como dijo el Mesías (P): "Y vendrán a la mesa de Abraham, Isaac y Jacob de oriente y de occidente" (simbolizando "la mesa" la Verdad revelada a los Profetas, la doctrina de la Unidad, que los hombres todos podrían conocer), si esto era verdad, sin condiciones ni discriminación alguna, sin considerar a los no judíos como esclavos en potencia, ni a Israel como "el único elegido", pues bien, ello abolía la expectativa alentada por los doctores en el pueblo, y ya no tendría sentido el mesianismo "imperial".

A pesar de todo, el Antiguo Testamento, como ya lo vimos, nunca permitió una interpretación tan egoísta de la Revelación, ni en cuanto a la "elección", ni a la "continuidad" de Israel. El espíritu que inspira a los Profetas es universal; lo que en realidad surge del Antiguo Testamento es que el Señor del Universo es el Creador de todas las cosas, de toda la humanidad; Adán es el padre de todos los hombres, y Noé fue ancestro de todas las razas. Abraham a través de sus hijos es el antepasado de hebreos, ismaelitas, madianitas, edomitas y de los numerosos antepasados de las tribus árabes mencionadas en Ge. 25. Lot, el sobrino de Abraham y un "justo", como éste parece mencionarlo en Génesis 18, es el padre de amonitas y moabitas, y aunque el Pentateuco convierta a éstos en hijos del incesto, para nosotros tal cosa constituye una falsificación abyecta, que los musulmanes rechazamos. La raza de Israel es la aramea, como dice en el Deuteronomio: "Un arameo a punto de perecer fue mi padre" (26:5). El Señor de Abraham es el mismo que el de Melquisedec jebuseo, y el Señor de Moisés es el mismo que el de Jetro madianita. Los arameos Labán, Betuel y Nacor, adoraban al mismo Señor que Abraham, Isaac y Jacob (según Génesis 31:53 y 24: 50). Jeremías se declara en favor de Nabucodonosor el asirio, y este rey le ofrece una residencia en Babilonia, que el Profeta no acepta; Ezequiel conoce la tradición de Babilonia, donde comienza a profetizar, y ello se refleja en sus visiones; Daniel no sólo esto, sino que fue un preferido de Nabucodonosor y Belsasar, dos soberanos asirios, y luego de Darío y Ciro, dos persas. Fue nombrado por Nabucodonosor príncipe de los sacerdotes y de la clase intelectual, y gobernador de Babilonia (Dan. 2:48).

Sin embargo, durante el período judaico (sobre todo a partir del retorno del cautiverio en Babilonia), los religiosos crearon una engañosa doctrina, a la que podemos llamar "la continuidad de la historia de Israel", o "la falsa continuidad", que representa en el plano político lo que la "elección" discriminatoria es en el plano racial o humano. Al respecto dice el Sagrado Corán:

¿Acaso afirmáis, sin duda, que Ibrahim (Abraham), Ismael, Isaac, Jacob y las tribus eran judías o cristianas? Di (Profeta): "Vosotros sois más sabios o lo es Allah?" ¿Quién (resulta) peor malvado que el que oculta un testimonio que ha obtenido de Allah?; ¡Allah no está descuidado de lo que hacéis!: Aquella es una comunidad (pueblo o era histórica) que feneció; obtendrá el bien que haya hecho y vosotros el vuestro, y no seréis inquiridos por lo que ellos hayan realizado (2:140 y 141, agregamos paréntesis).

Es realmente sorprendente: El Sagrado Corán, antes que la ciencia histórica moderna, pone en tela de juicio y rechaza la "continuidad de Israel", ridículamente concebida como algo inalterable y perfecto, desde Abraham hasta Jesús, con ellos sea la Paz. Además, desliga la creencia, la fe o la doctrina que alguien sostenga (en tanto que ello pertenece al ámbito espiritual) de todo vínculo con una raza, o a un ancestro común, subrayando así la independencia del espíritu humano de cualquier condición limitativa mundana. Una cosa es ser judío o cristiano, y otra ser descendiente de Abraham, Ismael, Isaac, Jacob o las tribus. ¡El hombre es libre del determinismo de la raza, del pueblo, de la tribu, del clan y aún de la familia!: "Aquella es una comunidad que feneció; obtendrá el bien que haya hecho y vosotros el vuestro, y no seréis inquiridos por lo que ellos hayan realizado".

Por primera vez el Sagrado Corán independiza al hombre de sus antepasados y de su medio, y lo declara libre de determinar su destino espiritual, utilizando su intelecto; lo llama a hacer el esfuerzo de liberarse a sí mismo por las obras, a partir de su corazón, sin descansar en presuntas "elecciones", ni esperar que alguien venga a salvarlo ocupando su lugar en el esfuerzo.

En conclusión, Israel rompe definitivamente su pacto (o elección) cuando rechaza y asesina intencionalmente al Mesías (P), aún cuando él mismo no haya sido muerto (lo cual desconocían sus asesinos, resultando así su crimen realmente perpetrado. Ver al respecto llamada 27). Desde ese momento, como ya dijimos, la doctrina abrahámica, predicada por Moisés, Jesús (P) y los Profetas, se universaliza, pero recién con el Islam llega a su apogeo. Se abre así un nuevo ciclo para la humanidad, que hasta entonces había vivido en "mundos cerrados", cada cual con su propia tradición. A consecuencia de ello, primero en el Mediterráneo y Cercano Oriente (por obra del imperio romano), y después, además, también en todo oriente (por obra del Islam), se comienza a expandir la tradición final y universal, que prepara la eclosión de los nuevos tiempos, donde todas las razas y tradiciones se intercomunican y confunden, en una suerte de "torre de Babel" a nivel mundial. Este es el ciclo que nos toca vivir a nosotros, con sus negatividades, que son muchas, y su aspecto positivo, el que también es importante[28]. Ahora, ya no hay lugar para las tradiciones "cerradas" como la israelita, tal como la concebían sus rabinos. Este tipo de tradiciones, exclusivas y discriminatorias, existieron en todas las culturas antes de Jesús, y perduraron especialmente en el judaísmo, aunque también en el cristianismo en forma más atenuada (con su doctrina de "salvación", únicamente para los hijos de la iglesia, y su concepto del "pueblo de Dios", como el desarrollado por los concilios).

El occidente actual, con ser tan negativo a todo lo sagrado, es, sin embargo, heredero de las "tradiciones cerradas" y exclusivistas, que tienen sus paralelos políticos en el fascismo y en el nazismo. Pero, además, toda la arrogancia imperialista y asesina occidental nace de la misma fuente, fanática y discriminatoria, de que bebieron los judíos, y su soberbia, al considerarse la culminación de la civilización humana, no es otra cosa que el equivalente de la soberbia judía, todavía fuertemente arraigada en el corazón de los hijos de la sinagoga, al creerse el "pueblo elegido".



CONTRIBUCIONES ACTUALES AL CONOCIMIENTO DE LOS ORÍGENES DE ISRAEL

La ciencia de los dos últimos siglos en occidente ha contribuido como nunca antes a conocer mejor, y en detalle, el origen y desarrollo de Israel. Ya habíamos anticipado que los descubrimientos históricos de hoy han transformado totalmente la perspectiva general de la historia del Cercano Oriente antiguo, y para mejor, los descubrimientos de documentos (como los "rollos del Mar Muerto", y los de las tradiciones semíticas antiguas, en Ugarit, Nínive, Mari, Ebla, etc.), han llenado de luz un ámbito oscuro, como lo era la historia antigua del Cercano Oriente, que hasta entonces se explicaba, sobre todo, a través del Antiguo Testamento.

Hemos visto cómo el Sagrado Corán niega que "Abraham, Isaac, Jacob y las tribus" (2:140) hayan sido judíos, por cuanto en realidad esta tradición se formó, como veremos más adelante, mucho después que los mencionados Profetas, siendo posterior a Salomón, o mejor aún, posterior al cautiverio. Poco interesa que la tradición judía actual pretenda remontarse a Abraham y las tribus, como tampoco interesa, por ejemplo, que occidente pretenda ser "grecorromano"; ésta es solamente una ideología que les permite adquirir identidad, aunque esté lejos de ser algo verdadero.

Parecería escandaloso sostener que la tradición judía actual no constituye una continuidad de la antigua tradición hebrea e israelita, ni por su origen racial (del cual están muy alejados, excepto los sefaradíes), ni cultural, como es obvio, ni inclusive cultural o religioso, a pesar de utilizar todos los signos y significados religiosos del antiguo Israel. Y esto parece escandaloso, además, porque los documentos fundamentales de los judíos sólo hacen referencia a esa tradición antigua, es decir, el Antiguo Testamento se basa en la existencia de Abraham, Isaac y Jacob, en sus hechos, y en el vínculo que tuvieron con su Señor; por otra parte, las tribus son consideradas como la expresión de los judíos en tanto pueblo, y como los antepasados de los judíos actuales. Ante todas estas evidencias, ¿se atreve el Sagrado Corán a desmentir la cuestión y decir que "aquella es una comunidad (pueblo o era histórica) que feneció"? Ante esta noble antigüedad, ¿nos atreveremos nosotros a enfrentarnos con la sagrada ideología de la "continuidad" histórica, y desmentir sus artificios?

Pero no es el Sagrado Corán, ni somos nosotros, solamente, los que así pensamos. Los estudios actuales sobre el origen de Israel y la formación de la tradición judía son reveladores, y nos ratifican. "La historia política de los antepasados de Israel, anteriores al período palestino (es decir, la historia de Abraham, Isaac, Jacob y las tribus) no se pueden reconstruir, ni siquiera en sus límites generales"[29], dice un autor. Es decir, los límites históricos (tal cual hoy los puede determinar la ciencia), como son la descripción de la época en que vivieron, de las fuerzas que tuvieron que enfrentar, de las ideas en detalle que pudieron sostener, no pueden en realidad ser determinados por los métodos usuales de la historiografía actual[30].

Lo más importante es que el Sagrado Corán nos provee de un método general de diferenciación de los diversos períodos históricos por los que atravesó Israel, hasta llegar a su disolución como entidad histórica, en lo que ahora se conoce como "judaísmo". No confunde el Sagrado Corán a los hebreos, a Israel y a los judíos en una sola masa indiscriminada, sino que, mucho antes que la ciencia moderna, establece los parámetros dentro de los cuales debemos estudiar la cuestión del origen y evolución de Israel.

En cuanto a sus orígenes se ha dicho: "Al evaluar los relatos acerca del éxodo y de la revelación de Yahveh en el desierto, es preciso recordar lo que la historia oficial confunde: que la masa de hebreos en el desierto no era aún 'Israel'..."[31]. Es decir, debemos considerar que antes del surgimiento de Israel[32] con Moisés (P) existieron los "hebreos", a los cuales no debemos confundir, así como así, con Israel, aún cuando ésta heredó su tradición. Lo que surge con Moisés es nuevo y distinto, de allí que lo diferencie el Sagrado Corán, tanto como así lo hace la ciencia actual.

En apoyo de esta idea, debemos recordar que hasta el mismo nombre de la divinidad que conocerá Israel, "Yahvé" (o "Jehová"; en árabe: láhua), no lo recibe de los hebreos en Egipto (donde éstos se habían hecho numerosos y constituido un pueblo diferenciado), sino que lo reciben del pueblo arábigo madianita, descendiente también de Abraham (P) -Gén. 25:2 a 5- y habitante del Sinaí, del norte de Arabia y del sur de Palestina. Dice en Éxodo (3:13 a 15): "Contestó Moisés a Dios: 'Si voy a los hijos de Israel (es decir a Egipto) y les digo, el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros, cuando me pregunten: ¿Cuál es su Nombre?, ¿qué les responderé?... Así dirás a los hijos de Israel: Yahvéh el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros..." Se sabe ahora que Yahvé era adorado por los madianitas antes de que, conviviendo con ellos, Moisés (P) aprendiera su Nombre. "La primera mención de Yahvé en cualquier documento conocido hasta ahora es la de la estela del rey Mesa de Moab, del siglo IX (antes de Cristo)"[33]. "Si Moisés se encontró en la tierra de Madián con la montaña de Dios (Horeb), entonces ésta era ya un lugar sagrado para los madianitas... los madianitas rindieron culto a Yahvé antes que los 'israelitas' (...) es el madianita Jetro quien ofrece sacrificios a Yahveh y quien, en realidad, es el anfitrión, y Moisés con sus hombres son los invitados"[34].

En conclusión, la religión de Israel deriva en sus comienzos de Madián, el pueblo arábigo del norte de la Península, cuyo profeta, Jetro, llamado Shu'aib en el Sagrado Corán, es citado por éste varias veces (cfr. 7:88; 11:87 y 91); él fue maestro de Moisés.

En coincidencia con el Antiguo Testamento, el Sagrado Corán alude al encuentro de Moisés (P) con su Señor, diciendo:

Y cuando se allegó a él (el fuego de la zarza ardiente), fue alertado: " ¡Moisés! Yo soy tu Señor... Yo te he elegido, ¡escucha pues lo que se te revelará!: Yo soy Allah, no hay divino si no Yo, ¡adórame, pues, y eleva oración en Mi recuerdo!" (20:11 a 14)

En conclusión, el Antiguo Testamento tanto como el Sagrado Corán hablan de un reencuentro de los hebreos con su Señor, con la antigua tradición de Abraham que ellos habían extraviado en Egipto. La reencuentran en Madián, donde Moisés se había refugiado después de huir de Egipto, perseguido por las autoridades de ese país. Y dice en el Antiguo Testamento: "Yo soy el Eterno, no adorarás a otro Dios" o "Yo soy el que Es (el que Soy)" (Éxodo 3:14), dando así cuenta de que se trata del Señor del Universo, no de ningún "dios" adorado por los idólatras. Era el Señor de Jetro, visitado en peregrinación a la montaña de Horeb por los peregrinos de multitud de tribus arábigas, hasta de Siria y Palestina... Y, sin embargo,... hoy se cree que sólo Israel recibió la gracia de Yahvé, y los judíos posteriores parecen haberse apropiado de ese Señor para hacerlo su Dios, con exclusión del resto de la humanidad...

Lo cierto es que "Yahvé", o "El", o "II", o "Elión" o "el Altísimo, Señor de los Cielos y de la tierra", el verdadero divino, revelado a todos los pueblos semitas con todos esos Nombres, y aún otros, fue conocido por ellos desde el alba de la historia. El es universal y absoluto, preexistía en la tradición del desierto, como la de los madianitas, desde siempre, solamente que la ignorancia y la maldad de los hombres llega a obnubilarlo detrás de ídolos, pero los sabios del desierto conocen Su Realidad. Allí lo encuentra Moisés, o es mejor decir que El encuentra a Moisés, y allí aprende Su Nombre, y Jetro (Shu'aib) le enseña la antigua tradición de Jehová, Il, El, el Altísimo Creador de los Cielos y la tierra, y con ese Nombre y esa tradición vuelve Moisés (P) a Egipto, a reeducar en ella a los hebreos y sacarlos de allí para que constituyan un nuevo pueblo, que luego se llamará "Israel".



¿EN CUANTOS PERIODOS SE DIVIDE LA HISTORIA DE ISRAEL?

Como dijimos, el Sagrado Corán distingue entre "hebreos", "Israel" y "judíos"; nunca confunde a unos con otros, ni da a entender que son una misma cosa con diferentes nombres.

¿Quiénes fueron los "hebreos"? Fueron aquellos que aparecieron con Abraham, y cuya existencia como comunidad llega hasta la época de Moisés. A partir de éste último recién surge "Israel", cuya existencia como comunidad se pudo prolongar hasta el cautiverio en Babilonia (721 a. C), pero que ya había entrado en decadencia dos siglos antes, con la desaparición de Salomón (933 a.C), y la división entre Israel y Judá. A la caída de Israel, como reino del norte, en el 726 a.C, todavía el reino de Judá, con Jerusalén como capital, al sur, se mantendrá hasta el 606 a.C, 120 años más, pero ya debemos considerar concluido el ciclo del antiguo Israel fundado por Moisés.

El Corán menciona a los hebreos identificándolos por sus creencias, no por la posesión de la tierra, ni por la raza o cultura que tuvieron:

Ibrahim (Abraham) la encomendó (la creencia en la Unidad divina) a sus hijos (Ismael, Isaac, Jocsan, Madián y Madán) y Jacob (también la encomendó), (diciendo Ibrahim): "¡Hijos míos! Por cierto que Allah eligió para vosotros el Din (modo de vida y creencias). ¡No muráis si no sometidos (a El, islamizados)!" ¿Erais vosotros testigos cuando se le presentó la muerte a Jacob, cuando dijo a sus descendientes: "¿Qué adoraréis después mío?" Respondieron: "Adoraremos a tu divinidad, y la divinidad de tus ancestros, Ibrahim, Ismael e Isaac, un Único divino, y nosotros a El nos sometemos (islamizamos)". Esta fue una comunidad que ya feneció, a ella (te corresponde) lo que haya procurado y a vosotros lo vuestro, no seréis interpelados por lo que ellos hicieron. (2:132 a 134. Agregamos lo entre paréntesis y subrayado).

De este modo el Sagrado Corán distingue diversas etapas de los hebreos, en primer lugar, los hijos de Abraham y los de Jacob, ambos llamados "hebreos". Sin embargo, del primero surgieron varias ramas diferentes: Ismael, que se establece entre los árabes; Isaac, que continúa en Palestina, y en el que "se reconocerá la descendencia de Abraham", como dice el Antiguo Testamento (Gen. 2);Zimram, Jocsán, Madián y Madán, cuatro de los hijos de Abraham y Cetura, conformaron pueblos arábigos diversos, como el de los madianitas (al norte de Arabia y en el Sinaí).

Por su parte, Jacob, hijo de Isaac, es el continuador de la línea tradicional de Ibrahim, línea de la cual surgieron los Profetas de Israel, a diferencia de su hermano Esaú, quien siendo el primogénito de Isaac, sin embargo no logró ser el ancestro de los Profetas, sino el padre del pueblo edomita. Es por ello que el Sagrado Corán menciona, en el versículo antes citado, a Jacob por separado de Abraham en la transmisión de la creencia en la Unidad divina.

Lo más interesante es saber que el Sagrado Corán afirma que tales comunidades hebreas (Abraham, Ismael, Isaac, Zimram, Jocsán, Madián, Madán y Jacob) desaparecieron, ya que el Libro no presta atención a la cuestión racial o cultural, sino a la creencia, a la tradición o conocimiento divino que tales comunidades mantuvieron. Cuando con el surgimiento de Moisés y las tribus aquellas creencias fueron variadas (no en esencia, sino en su forma exterior, en su organización, en las tradiciones que legaron al futuro, en la forma del culto, etc.) entonces surgió "Israel", y dejaron de existir los "hebreos".

"Israel" es mencionada por el Sagrado Corán como existiendo con independencia de los hebreos, aplicándole el apelativo de "Banu Isra'íl" (es decir los hijos o descendientes de Jacob, quien luego tomó el nombre de "Israel". Ver al respecto llamada 32). Los describe como esclavizados por el Faraón en Egipto (26:22), ante el cual intercede Moisés (P) por ellos (7:105). Cruzan el Mar Rojo (10:90 a 93, y 2:47) y ya constituyen una comunidad como tal.

Lo más importante es que adquieren una nueva tradición, lo cual realmente define a "Israel". Dice el Sagrado Corán al respecto:

Todo alimento era lícito para Bani Isra'íl antes de Moisés) excepto aquello que se prohibió Israel (Jacob) a sí mismo (la carne de camello), antes de que fuera revelada la Torá. (3:93. Agregamos paréntesis y subrayado).

Y también:

Hemos dado a Musa (Moisés) la Guía (la Torá) y los milagros y hemos dado en herencia a Bani Israel la Escritura (después de Moisés). (40:53. Agregamos paréntesis).

Esto significa que lo que se llamó "Israel" recibió la prescripción de lo lícito y de lo ilícito a partir de Moisés (P), y se distinguió así del anterior "Bani Israel", el de la mera tradición de Jacob, que todavía era la de los hebreos, lo cual determinó también que la Torá recibida' por Moisés constituyera la frontera divisoria entre ambas tradiciones.

Este surgimiento de Israel se refuerza por el Pacto del Sinaí, mencionado en el Sagrado Corán (20:80), y la aparición de las tribus (5:12). Israel, además, recibe el profetismo (5:70 y 45:16) y de su descendencia surgen los Profetas de la rama de Abraham. Constituyéndose, luego de 500 años aproximadamente, en un pueblo con un rey (2:246). No desarrollamos todos estos temas en detalle para abreviar nuestra exposición.

Un momento culminante para "Israel" es la aparición de Jesús, con él sea la Paz. El Sagrado Corán lo menciona vinculado a "Israel" (61:6), pero ya no debemos entender el verdadero Israel, sino una comunidad que ha penetrado hace siglos en la decadencia, cuya corrupción es señalada a fuego por todos los Profetas entre Elías (900 a.C.) y Jesús. A dicha comunidad ya se la llama "judíos" y su surgimiento está señalado en el Sagrado Corán de este modo:

Cuando (los israelíes) olvidaron lo que les fue recordado (en la Revelación), salvamos a quienes se abstenían del mal, e infligimos a quienes eran injustos un intenso castigo, por cuanto habían corrompido. Y cuando se cebaron (o encarnizaron) en realizar lo que les estaba prohibido, les ordenamos " ¡Convertíos en monos repugnantes!" He aquí que tu Señor anuncia que enviará sobre ellos, hasta el Día de la Resurrección, a quienes los sometan al peor de los castigos. En verdad tu Señor es presto en el escarmiento, y sin duda que es Indulgentísimo, Misericordiosísimo (con los creyentes). Los hemos dispersado (a los judíos) sobre la tierra, en grupos, entre ellos hay justos y lo contrario de esto. Los probamos con mercedes y adversidades para que quizás (así) se arrepientan. Les sucedieron luego (después de la dispersión) una generación que heredó la Escritura, que abraza las vanidades de este bajo (mundo, todas las transgresiones) diciendo: " ¡Se nos perdonará!", y si se les ofreciera otro tanto de vanidades lo tomarían. ¿Acaso no les fue aceptado el juramento (o pacto) de la Escritura, de que no dirían de Allah sino la verdad? Empero (abandonaron cuanto hay en la Escritura), hasta que se estropeó (se convirtió en vetusta y caduca). La Morada postrera es mejor para aquellos que temen (caer en la transgresión) ¡ ¿No lo comprendéis?! (7:165 a 169. Lo entre paréntesis son agregados nuestros).





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[1] Torá significa "doctrina" o "ley" en el idioma cananeo medio (Pentateuco, .en griego, es decir "los cinco tomos"). Son los libros iniciales de los Antiguos Testamentos: el Génesis, el Éxodo, el Levítico, Números, y el Deuteronomio. Las lenguas originales en que fueron conocidos son tres, el cananeo medio (al que se le llama corrientemente "hebreo"), el griego y el siríaco. La versión griega realizada en Alejandría, durante el siglo III A.C., es llamada "septuaginta", que significa "de los setenta", por el número de sabios que intervinieron en la revisión de la misma. La versión siríaca de los "samaritanos", sólo comprende siete libros, de los 39 que abarca la griega, a saber, la Torá o Pentateuco, Josué y Jueces. Hoy la ciencia crítica de los libros sagrados ha establecido que existieron cuatro sucesivas composiciones a través de los siglos, es decir que los libros fueron modificados varias veces. A cada composición diferente se le ha dado un nombre: "Yahvista", la mas antigua, porque utiliza en el Libro del Génesis el nombre divino de Yahvé; "Elohista", la posterior, porque en dicho libro utiliza el nombre Elohím; y por fin la "Deuteronómica" y la "Sacerdotal", las dos más recientes. Las siglas con que se mencionan cada una de estas versiones son: Y (yahvista), E (elohista), D (deuteronómica) y P (sacerdotal, del alemán sacerdote: Priester). Todas estas composiciones se fueron entretejiendo entre sí, tratando de llegar a un texto homogéneo y único.

[2] Los cinco primeros libros del Antiguo Testamento le fueron atribuidos a Moisés (P) muy tardíamente, después del cautiverio babilónico, el cual concluyó el 536 A.C. (es decir 600 años más tarde, al menos, de la desaparición del Profeta). Al parecer la primera mención en tal sentido es la del libro 8 de Nehemías, versículo 3, cuando éste, queriendo advertir a su pueblo sobre el temor a Jehová, dice: "Quien os reveló la Torá de Moisés." Lo que aumenta la duda sobre esta cuestión es que el Deuteronomio, en sus últimos versículos, registra el fallecimiento de Moisés, lo que sería absurdo de haber sido él su autor.

[3] Kóning, Franz. "Cristo y las religiones de la tierra", cap.: "La religión del Antiguo Testamento", por el Dr. Johannes Schüdenberger. Ed. B.A.C., Madrid, 1970, pp. 411 y 412.

[4] "Nuevo catecismo para adultos" (o "El catecismo holandés") Herder, Barcelona, 1969, p. 50. El paréntesis es un agregado nuestro.

Desclée de Brouwer, Bilbao, 1967, p. 4.

[5] Desclée de Brouwer, Bilbao, 1967, p. 4.

[6] Von Rad, Gerhard. "Teología del Antiguo Testamento", tomo 1, ps. 26 y 27. Ediciones Sigúeme, Salamanca, 1978 (lo entre paréntesis es nuestro). La iglesia, por su parte, considera al Antiguo Testamento como "revelación", sobre la que se basan los Evangelios. Si partimos de la base que aquellos libros no resultan sino tradiciones varias veces recopiladas y modificadas, que por más auténticas que se presuman incluyen tanto lo cierto como lo erróneo, lo verdadero y lo falso, por lo tanto la Iglesia, en principio, no se apoya tampoco en un fundamento tan firme como se alega. Asimismo los Evangelios tuvieron una evolución muy irregular en su composición, como lo exponemos en otro artículo de este mismo ejemplar.

[7] Von Rad, G., o.c, tomo 1, p. 164.

[8] Pixley, Jorge V., "Pluralismo de tradiciones en la religión bíblica". Ed. La Aurora, Bs. As., 1971, p. 31.

[9] Van Rad, G., o.c, tomo 1, pág. 27. Agregamos nosotros un paréntesis.

[10] Después del cautiverio de Babilonia, habiendo regresado los judíos a Jerusalen, aparece la fracción israelita de "los samaritanos". Su nombre proviene de la región que habitan, Samaría, al norte de Palestina, la misma que ocupó el antiguo reino de Israel. La vieja rivalidad entre Judá, con sede en Jerusalen, e Israel, con sede en Siquem (actual Nablús), se ve reflejada en esta nueva división entre judíos y samaritanos. Como antes, los judíos no consideran a los samaritanos como verdaderos creyentes, ni aún como israelitas auténticos, pues los acusan de estar mezclados con los cananeos (como si los israelitas fueran una raza pura). Por eso, cuando aparece el Mesías, Jesús hijo de María, con él sea la Paz, le dicen como desprecio: ¿De Samaria puede salir algo bueno?", aún cuando él no pertenecía a tal secta. Por su parte, los samaritanos rechazaban la mayoría de los libros de los judíos, y se conformaban con lo que ellos llamaban la Torá. (Ver al respecto llamada 1).

[11] En Filae o Elefantina (en árabe Fíla), al sur de Egipto, permaneció una fracción israelita al margen de la evolución de la tradición judía en Palestina. Los textos o fragmentos que de ellos se conservan son de los más antiguos entre los judíos, pero se refieren sobre todo a asuntos históricos y a pactos particulares.

[12] También el Sagrado Corán cita varias veces al Evangelio. Sin embargo, nunca se refiere a "los evangelios" (en plural), siempre menciona en singular a un solo y único texto, el original, que ya no existe.

[13] Al respecto dice el Sagrado Corán: "Establecimos en el Libro en cuanto a los hijos de Israel: 'Corromperéis la tierra dos veces y os ensoberbeceréis grandemente'... Si hacéis el bien, lo haréis a vuestras propias almas, y si hacéis el mal será contra ellas. Pero cuando viniera la promesa final, se ensombrecerán vuestros rostros, y (vuestros enemigos) penetrarán en el templo como penetraron la primera vez y aniquilarán por completo aquello de que se apoderen. Es posible que vuestro Señor os tenga misericordia, pero si reincidierais volveremos (a castigaros). ¡Hemos hecho del fuego infernal cárcel para los impíos!" (17:4, 7 y 8). "Los impíos de Bani Israil (hijos de Israel) fueron maldecidos por boca de David y de Jesús, hijo de María. Esto fue por su rebeldía y su transgresión" (5:78).

[14] El término "semita" designa a los pueblos que hablaron alguna de las lenguas emparentadas con el árabe actual, como lo fueron el asirio, el babilónico, el cananeo o fenicio, el arameo y el hebreo. Por otra parte, la afinidad entre los "semitas ' no se detiene en el parentesco entre sus lenguas, se extiende también a su comportamiento social, a sus creencias, a sus instituciones políticas, y a su función histórica, todo lo cual manifiesta que tuvieron en un principio un origen común. Puede considerarse que Arabia fue la patria de los "semitas" desde un principio, por lo cual sería más propio llamarlos pueblos "arábigos", en lugar de "semitas", término este último que no ofrece una distinción clara sobre su origen y su civilización. Por el contrario, "arábigo" (no "árabe", que es un término históricamente actual) otorga un sentido más claro y preciso a la existencia y continuidad de estos pueblos.

[15] Garelli, P "El próximo oriente asiático". Labor, Barcelona, 1970, pág. 176. Los paréntesis son nuestros.

[16] Dalamat, Abraham. "Los imperios del antiguo oriente". Siglo XXI, Madrid, 1971, tomo 3, pág. 185. Este autor es israelita.

[17] O. c. pág. 4. Agregamos los paréntesis.

[18] Garelli, P, o.c, pág. 6. En la biblioteca de Assurbanipal, en Nínive, fueron descubiertas más de 30.000 tabletas y millares de ellas tratan de poemas épicos y mitológicos, liturgia y oraciones, salmos, etc. Entre ellas se encontraron diez tabletas sobre la creación o génesis, donde se afirma que Anu "creó los cielos y la tierra",... "creó el tiempo (o el momento) y este se multiplicó... y la tierra estaba en ruinas y vacía...", etc., todo lo cual nos recuerda al libro del Génesis.

[19] Estos maestros fueron en número de 124.000 para todos los pueblos y culturas, e Israel no es más que uno de esos pueblos, como lo fueron los súmenos, acadios, caldeos, cananeos o cualquier otro sobre el planeta. De este modo justificamos la similitud de tradiciones, porque el Señor es Uno y una Su Ciencia.

[20] De Melquisedec dice el Génesis: "...rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo..." (14:28). De Job dice el libro de Job: "Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job, y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal" (Job 1:1). Es decir, era un edomita, pues allí se ubica la mencionada Uz. En cuanto a Elías, sólo se lo menciona así: "Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad..." (1 Rey. 17:1), sin que se conozca su ascendencia ni se le atribuya una tribu de Israel. En realidad, era cananeo, como sostienen algunos estudiosos.

[21] Sara fue la esposa de Abraham y madre de Isaac. Era de Ur, de donde procedía el mismo Abraham, y descendía de su misma familia. Rebeca era hermana de Labán, sobrinonieto de Abraham, y vivían en la Mesopotamia. Rebeca fue esposa de Isaac, y madre de Jacob y Esaú. Raquel y Lía eran hermanas, hijas de Labán, y fueron esposas ambas de Jacob. Raquel fue madre de José y Benjamín, los hijos preferidos de Jacob, y Lía lo fue de Rubén, el primogénito, y de Judá. Se debe observar que todas estas mujeres fueron mesopotámicas, y se hicieron hebreas gracias al matrimonio. Su cultura no era hebrea originalmente, y esto lo demuestran muchos de sus actos registrados en la Biblia. Rut era moabita, y ya siendo viuda, en compañía de su suegra Noemí, se instaló en Judá y se casó con Booz, pariente de Noemí. De Booz y Rut desciende David, y del linaje de éste es Jesús (P).

[22] Los sionistas, en la actualidad, han aprovechado esta falsedad, y en base a otras del mismo tipo se atribuyen reivindicaciones territoriales, derechos al despojo y privilegios para el genocidio, argumentando ser la "continuidad" de Israel y mostrando una fe formidable, sólo en este punto, sobre que son los "elegidos de Jehová".

[23] Josías fue el 14° rey después de Salomón. Reinó en Judá desde el 641 a. C, hasta el 672. En el año 18 de su reinado, Helcías, el sumo sacerdote, mientras restauraba el templo, halló un ejemplar del Pentateuco que incluía el libro Deuteronomio, el cual anteriormente era desconocido. El nombre del libro significa "la segunda ley" o "repetición de la ley". Está concebido como un discurso de despedida de Moisés, en el cual éste exhorta a Israel, lo bendice, lo amenaza con maldiciones en caso de desvío, y reitera normas cultuales y jurídicas.

[24] O.c, tomo I, págs. 281 y 286.

[25] Cuando se refiere a "pueblo" y a "tierra" no debemos imaginar que habla como nosotros lo comprendemos en la actualidad. Se refiere exclusivamente a todos los pueblos del Cercano Oriente antiguo, y nada más que a esa región de la tierra.

[26] Estas profecías se referían al período anterior al cautiverio en Babilonia, y a las causas que provocaron la caída de Israel en el 776 a.C. y la toma de Jerusalén y Judá en el 606 a.C. Ezequiel profetiza durante 22 años a partir del 593 a.C.

[27] Los musulmanes creemos que el acto de crucifixión existió realmente, pero que Jesús no fue el crucificado, sino que lo substituyó alguien con su misma apariencia física. El acto existió para condena de los judíos, pero quien no tenía pecado no podía cargar con el pecado ajeno, ni morir la muerte de un maldito.

[28] Si bien, como lo exponemos en el texto a continuación, los aspectos negativos de nuestro ciclo son muchos y muy graves, no por ello, como todo ciclo, deja de tener sus aspectos positivos. La universalización de la doctrina abrahámica, con el cristianismo, pero sobre todo con el Islam, significó poco a poco la unificación del mundo, con la paulatina desaparición de las fronteras humanas, que antes distinguían a la gente de diversas tradiciones y culturas, ricas en sí mismas: Aquí la India, allí la China, del otro lado América, que a su vez tenía su cultura del norte y la otra del sur (como la de los Incas). Europa permanecía en la barbarie, excepto lo que fue Italia y Grecia (que por entonces no pueden ser simplemente consideradas "europeas" y "occidentales", como pretende la ideología oficial occidentalista, sino únicamente "mediterráneas", aunque no estuvieran en el centro generador de las culturas mediterráneas, que lo fue el Cercano Oriente). En nuestro tiempo este eclipse de las antiguas tradiciones y la desaparición de las fronteras humanas que separaban a las distintas culturas, ha llegado al colmo, por lo cual sus aspectos negativos en el plano espiritual son más notables, generando inestabilidad, crisis y corrupción. Sin embargo, la aparición del Islam como la doctrina preservadora de la esencia espiritual de la humanidad, enseñanza adecuada al ciclo, que no puede ser alterada en sus fundamentos por el mundo actual, constituye el aspecto positivo de nuestro ciclo. Seguramente, quien se resguarde en ella, la cultive y profundice, estará por encima de toda disolución, presente fuertemente en nuestro ciclo, y captará en su esencia el significado del mismo, y el sentido final de la "unificación del mundo".

[29] Von Rad, G., o.c, tomo I, pág. 30. Lo entre paréntesis es nuestro.

[30] Esto, para los musulmanes no tiene ninguna importancia, pues nosotros creemos en su existencia y en sus historias gracias al Sagrado Corán, desechando también de este modo lo que está tergiversado en el Antiguo Testamento a su respecto.

[31] Pixley, J. V., o.c. pág. 15.

[32] La palabra "Israel" tiene dos significados complementarios: El del pueblo así llamado, que tuvo su lugar en la historia, sus instituciones y creencias, etc. ;y en segundo término, de ser tal nombre el de Jacob, hijo de Isaac, que él trasmitió a sus descendientes. El Sagrado Corán utiliza los dos significados indistintamente, aunque cuando menciona a "Banu Israíl" (hijos o descendientes de Israel) lo hace con referencia al pueblo y a sus instituciones; y cuando menciona a "Israíl" solamente, se refiere a Jacob en persona (en 3:93 y 9:58 únicamente). En el primer caso, el de Israel como pueblo histórico, estamos en una etapa posterior a los hebreos, habiendo éstos últimos llegado a ser "Israel" en tanto descendientes de Jacob.

[33] Pixley.J. V., o.c.pág. 17.

[34] Von Rad, G., o.c, tomo I, ps. 32 y 33. Lo entre paréntesis es nuestro.



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